Alfonso Barbieri: entre nubes, música y pintura

Entre la música, la pintura, el cine y los recuerdos, Alfonso Barbieri vuelve a construir un universo propio con «Nubosidad Bailable«, su nuevo albúm. Doce canciones en las que conviven el folklore, el rock, el glam, el heavy metal y distintas referencias cinematográficas, pero también una idea que atraviesa toda la obra: aceptar la nubosidad que nos rodea y transformarla en otra cosa. Con la participación de artistas como Gustavo Santaolalla, León Gieco, Renata Schussheim, Sofía Bergallo y Mara Santucho, Barbieri propone un recorrido tan musical como visual, donde crear también parece ser una forma de encontrar luz en medio de la tormenta. Enterate de todo a continuación.


«Nubosidad Bailable» parte de una idea muy particular: aceptar esa “nubosidad” que nos rodea y transformarla en música y baile. ¿En qué momento apareció esa idea y cómo empezó a tomar forma el disco?

Desde muy chico tengo la experiencia de crear obra musical o pictórica con la idea de bailar con la muerte o en todo caso engañarla y engañarme un rato. La nubosidad está libre de esa mirada trágica en mi universo. Si bien sirve como metáfora de un contexto horrible donde uno puede de alguna forma encontrar un hueco donde entra luz, yo prefiero las nubes en todas sus expresiones. El sol me da alergia. Me gustan los días nublados. Me gusta ver las nubes desde un avión o un tren. No me gustan los autos.

Y la información que contiene una nube real me parece mucho más nutritiva que en donde todos guardamos nuestra información. La idea de la metáfora apareció volviendo de exponer en Japón los kimonos qué hacemos con mi compañera Sofía. Estaba por ganar la ultraderecha en la Argentina. Pero antes grabé «Si Dios Clonase Pan» como manifestación de desprecio a estas lacras que están en el poder.

Alfonso Barbieri. Foto cortesía: Alelí Alegría Cuba, PH comunicación

-Escuchando el álbum aparecen el cine, la pintura, el folklore, el rock, el glam, el heavy metal y un montón de universos distintos. ¿Vos empezás una canción pensando en alguno de esos mundos o dejas que las cosas se vayan mezclando mientras componés?

Lo primero que tengo como metodología de trabajo y columna vertebral de la idea es la tapa y el título de la obra. Luego las distintas músicas con sus armonías y melodías. Una vez que avanzo en la maqueta de grabación comienzo a jugar con la poesía. Las imágenes y es donde la emoción y la descompostura anímica me dan el estímulo para cerrar cada capítulo de ese cuento, película u obra de teatro deformes que considero son mis discos.


-Hay algo muy lindo en que el disco esté atravesado por tantos encuentros: Gustavo Santaolalla, León Gieco, Renata Schussheim, Sofía Bergallo, Mara Santucho… ¿Cómo vivís esa posibilidad de invitar a personas que también son parte de tu historia artística a entrar en tus canciones?

Es una característica que tienen la mayoría de mis discos. Por eso los pienso como actores de películas u obras de teatro. Cada personaje que participa tiene una función completamente encadenada a los demás. Me gusta que me corran del centro, que me quiten protagonismo y mi ego quede estampado en un rincón por un rato. Es una auto lección que practico con un éxito relativo. Despega y aterriza constantemente. Lo importante de lo colectivo por sobre todo en beneficio de la obra de la cual, obviamente me hago cargo, pero no es esa basurita ególatra en el ojo del supuesto creador inalcanzable. Esa postura me da náuseas. Muchos son amigos, otros conocidos y otros más lejanos. Pero todos son de una importancia extraordinaria para el funcionamiento de la obra. Y mi agradecimiento es eterno.

-En tu caso, música y pintura siempre estuvieron bastante cerca. Incluso en este disco lo visual aparece desde la tapa, los collages y la pintura hasta la propia manera de pensar las canciones. ¿Sentís que hoy ya no existe una separación tan clara entre el Alfonso músico y el Alfonso artista plástico?

Nunca existió diferencia. Cuando a los 6 años tocaba el piano en conciertos de fin de año, también dibujaba. Cuando a los 14 años hice mi primera exposición de mis dibujos ya tenía un bajo eléctrico Faim que tocaba sin amplificar temas de Bowie, Specials, Beatles o Charly en mi cuarto con ampollas en los dedos y las cuerdas con sangre. La relación colores con sonidos, uffff, todo un universo construido ahí. Ir a un museo conmigo es insoportable. Bah, a Sofía le parece lindo.

En mis grupos musicales y mi recorrido solista además de componer y producir, también hice y hago las gráficas de los discos, afiches, volantes, videos y puestas en escena. La relación con las artes es muy amplia por la formación que me dieron mis padres. Hay cosas que obviamente no hago por vergüenza, como bailar o leer en voz alta. Soy bastante tímido. Lo voy superando. Cuanto más me transformo en escena o en fotos mejor me siento. Es mejor que el clonazepam, se los recomiendo. Igual seguramente haga un video bailando y leyendo en voz alta.

Alfonso Barbieri. Foto cortesía: Alelí Alegría Cuba, PH comunicación.

-Después de tantos años, tantos discos, bandas, obras y proyectos, ¿qué te sigue dando ganas de sentarte a crear? ¿Qué encontrás hoy en la música y en el arte que todavía te sigue sorprendiendo?

Si lo supiera se rompería el hechizo. El misterio de porque hago lo que hago quizás tenga que ver con trascender la muerte biológica. Que quede algo que descubra un extraterrestre dentro de miles de años o lo que quede de nosotros mezclado con robots, no lo sé. Me gusta coleccionar fotos antiguas, entre otras cosas, y cuando las veo pienso que me encantaría que pase lo mismo con mi obra dentro de muchos años. ¿Quién es esa gente, esos términos, esa estética, esa sonoridad?

Quizás por eso me aburre lo previsible que se volvió la música o las artes que están en el mecanismo de la industria algorítmica, no hay misterio, no hay profundidad. Parece que ser un canchero/a qué se las sabe todas es lo que «vende». Bueno, yo tengo más preguntas que respuestas. Y mucha necesidad de hacer mucha obra para dialogar con esa hermosa cueva llena de sombras.


Después de este recorrido por el universo de Alfonso Barbieri, queda la invitación a darle play a Nubosidad Bailable y descubrir qué pasa cuando todas esas nubes, influencias, imágenes y sonidos se encuentran en un mismo lugar. El álbum ya está disponible en plataformas digitales y también en formato físico, en CD y vinilo.

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