TIM compañía vuelve a escena con Bodas de Sangre: la vigencia de un clásico atravesado por el deseo y el destino.

Hay historias que nunca terminan de irse. Cambian las épocas, cambian los escenarios y cambian las formas de contarlas, pero siguen encontrando algo profundo para decir sobre quienes las observan. Bodas de Sangre, la emblemática tragedia de Federico García Lorca, pertenece a ese grupo de obras que continúan resonando generación tras generación

En esta nueva versión impulsada por TIM Teatro, el clásico español vuelve a cobrar vida a través de una propuesta colectiva que busca conservar la poesía, la musicalidad y el misterio del universo lorquiano sin renunciar a una mirada propia. Entre deseos imposibles, destinos inevitables y silencios cargados de significado, la obra invita al público a sumergirse en un conflicto tan antiguo como actual.

Lo que comenzó como una muestra de alumnos fue creciendo ensayo tras ensayo hasta transformarse en una obra con recorrido propio. El compromiso del elenco, la respuesta del público y las ganas compartidas de seguir explorando este universo hicieron que el proyecto trascendiera el aula para encontrar una nueva vida sobre el escenario.

En diálogo con El Walkman, los directores Nicolás Quaglini y Matías Serrano reflexionaron sobre el proceso de adaptación, los desafíos de trabajar con dos elencos y la decisión de conservar la dimensión más poética de Lorca. Además, las actrices Candela González y Camila Granara compartieron cómo fue habitar a La Novia, uno de los personajes más complejos y apasionantes de la obra.



Nicolás Quaglini: Es algo bastante intuitivo, no sé exactamente en qué momento aparece, pero termina de configurarse en los últimos ensayos y durante las funciones. Cuando vimos el potencial que tenía la propuesta dijimos: “Esto estaría bueno hacerlo en otro lado”.

A eso se sumó la insistencia del propio grupo. Muchas veces es algo mutuo: hay ganas de este lado, desde el equipo docente, pero también hay muchas ganas del elenco de seguir haciéndola. Y después está la otra pata fundamental, que es el público. Mucha gente que la vio nos decía: “Esto lo tienen que seguir haciendo, está muy bueno”.

En algún momento, casi sin darnos cuenta, por el compromiso de los actores y el nuestro, se empieza a convertir en algo mucho más que una muestra de alumnos.

Desde TIM Teatro es algo que nos gusta trabajar desde siempre: tratar de construir un producto que sea un poquito más que una muestra, que la gente venga y se vaya sintiendo que vio una obra realmente. Hay algo de la puesta y del trabajo de montaje que hacemos en conjunto con los alumnos que termina configurando eso. Después aparece también la voluntad del grupo y la nuestra de buscar un espacio, ponernos de acuerdo y seguir haciéndola.

Pero es un proceso que se va dando de manera muy natural, sobre el final de los ensayos generales y durante las funciones. Y tiene mucho que ver con esas tres partes: el elenco, el equipo docente y el público.


«En el caso de Bodas de Sangre, hubo una devolución muy fuerte de la gente que vino a verla. Muchos salieron impactados, emocionados y con la sensación de que la obra tenía que seguir. Fue una experiencia muy completa y eso terminó impulsando esta nueva etapa del proyecto».

Nicolás Quaglini


Nicolás Quaglini: Nos concentramos mucho en no abandonar la poética de Lorca. Hay puestas de Bodas de Sangre que se acercan más al realismo y, por ejemplo, eliminan personajes como la Luna o la Mendiga porque son figuras más surrealistas, que escapan un poco al mundo humano de los personajes. Nosotros quisimos conservarlos porque forman parte de la impronta de Lorca.

Matías Serrano: En muchos casos también son personajes difíciles de resolver en escena. El desafío era que no quedaran extraños, forzados o por fuera del universo de la obra. La búsqueda fue profundizar ese realismo, ese drama y ese naturalismo que atraviesan la historia, pero integrando al mismo tiempo la dimensión poética de estos personajes.

Nos preguntábamos constantemente cómo unir esos dos mundos para que convivieran de manera orgánica y fluida dentro de la escena, sin que parecieran elementos agregados ni generaran un choque visual. La búsqueda siempre fue cómo transportar esos personajes al mismo universo que habitan el resto de los protagonistas.

Nicolás Quaglini: Siempre me resulta curioso porque en el profesorado de teatro a Lorca suele estudiárselo dentro del realismo. Y sí, técnicamente, cuando uno analiza la obra, puede encuadrarla ahí. Pero al mismo tiempo, por la poesía que tiene, para mí es algo más que realismo.

Nos interesaba aprovechar esa dimensión poética y no quedarnos solamente con la lectura más realista. Trabajamos mucho con el elenco sobre qué están diciendo realmente los personajes cuando hablan. Porque hablan en poesía, pero por debajo siempre hay otra cosa latiendo.

Por eso no quisimos ir en contra de nuestra intuición ni del amor que le tenemos a Lorca. No quisimos reducir la obra a un realismo puro ni eliminar personajes que son fundamentales para ese universo.

Intentamos trabajar con lo que para nosotros representa Lorca: una mezcla entre realismo y una dimensión más poética, casi surrealista. Hay algo ahí que dialoga también con el mundo de Salvador Dalí —y no es casualidad que hayan compartido época y sensibilidad artística—. En ese cruce entre realidad, símbolo y poesía aparece un universo que podríamos pensar como un realismo poético, y era justamente ese territorio el que queríamos explorar sobre el escenario.


«No quisimos ir en contra de nuestra intuición ni del amor que le tenemos a Lorca. No quisimos reducir la obra a un realismo puro ni eliminar personajes que son fundamentales para ese universo».

Nicolás Quaglini

Nicolás Quaglini: Trabajar con dos elencos tiene ventajas y desafíos. En principio, la propuesta apareció por la cantidad de alumnos y alumnas que teníamos. En una adaptación tradicional de Bodas de Sangre, algunos personajes hubieran quedado reducidos a pequeñas apariciones y queríamos que todos tuvieran la posibilidad de desarrollarse más dentro de la obra.

Por eso decidimos que quienes fueran protagonistas en un elenco pasaran a formar parte del pueblo en el otro, y viceversa. Esa dinámica nos permitió trabajar siempre con todo el grupo, pero desde diferentes lugares.

Lo interesante fue que el proceso de construcción de los personajes dejó de ser algo individual. Cada personaje tenía dos intérpretes y eso habilitó el intercambio, las consultas y el diálogo permanente entre quienes compartían un mismo rol.

Obviamente, un mismo personaje nunca es idéntico en dos actores diferentes. Por ejemplo, el Novio interpretado por Nahuel o por Franco tiene matices distintos, aunque la esencia sea la misma. Durante el proceso fuimos descubriendo esas diferencias y trabajándolas.

Había personajes que en un elenco tenían una energía más oscura o más triste, mientras que en el otro aparecían desde un lugar más impulsivo o más violento. Cuando encontrábamos esos matices, los profundizábamos para enriquecer la propuesta, siempre respetando la identidad del personaje.


Nicolás Quaglini: A mí el destino trágico me encanta. Creo que ahí también radica otro desafío nuestro: traer a Lorca para el público de hoy sin una adaptación de tiempo ni de lugar. Es decir, traer a Lorca de aquel momento a la actualidad.

Hay puestas que lo llevan a un lenguaje más clown, más de comedia, y otras que lo actualizan directamente. Hay muchas propuestas que buscan acercarlo más al tiempo de hoy.

Pero también hay conflictos que son universales y atemporales, que existieron siempre y que van a seguir existiendo, como los que nombrás y muchos más.

Lo que a mí particularmente más me convoca de Bodas de Sangre es ver la poesía en el cuerpo, la poesía en acción. Porque uno puede sentarse simplemente a escuchar Bodas de Sangre o cualquier texto de Lorca, y ya es bellísimo desde la escucha.

Entonces me parece que lo lindo que tiene el teatro es sumergirse en la interpretación de esos textos. Y para mí ahí está lo que más me seduce como espectador a la hora de ver Bodas de Sangre o cualquier obra de Lorca: cómo esa poesía se transforma en movimiento, en acción, en tensión, en choque, en conflicto.

Espero que al público que venga a vernos le convoque eso o le convoquen otras cosas. Pero, en mi caso, es eso lo que más me atrae.


Candela Gonzalez y Nadia Trinidad Alen en escena ph @miquiigomez.ph

Si los directores reflexionan sobre la adaptación, la poesía y el universo de Lorca desde la puesta en escena, las actrices que interpretan a La Novia atraviesan esos mismos conflictos desde el cuerpo y la emoción.

En una obra marcada por el deseo, la contradicción y el destino, Candela González y Camila Granara comparten cómo fue construir uno de los personajes más complejos de Bodas de Sangre, el desafío de sostener sus tensiones internas y la experiencia de formar parte de una propuesta donde dos elencos conviven sobre un mismo escenario.


Camila Granara: Creo que el desafío más grande fue entender que La Novia no es solamente un personaje romántico o indeciso, sino una mujer atravesada por una lucha interna muy fuerte entre el deseo, la culpa y lo que la sociedad espera de ella.

Candela González: Vive constantemente entre lo que desea y lo que siente que debería ser. Eso es lo que la atraviesa durante toda la obra. Incluso en los momentos más pequeños, hay algo que sigue latiéndole por dentro, algo que continúa dando vueltas en su cabeza.

Camila Granara: Desde lo teatral, fue difícil sostener esa tensión constantemente en el cuerpo y en la energía escénica, incluso en los silencios. En Bodas de Sangre, los personajes muchas veces dicen una cosa, pero emocionalmente están viviendo otra. Entonces hubo mucho trabajo de subtexto, de mirada y de presencia para que esa contradicción pudiera verse en escena.

Candela González: Creo que justamente por eso lo más difícil fue entender qué le pasa en cada momento, qué intenta ocultar o qué intenta sostener frente a los demás. Y después, tratar de transmitirle todo eso al público: que puedan ver esa incomodidad, ese deseo contenido, incluso en los momentos más mínimos o sin decirlo explícitamente.



Candela González: En los ensayos trabajamos mucho desde la tensión corporal, los silencios, las miradas e incluso la respiración.

Por eso creo que, en esta adaptación de Bodas de Sangre, lo más importante no siempre está en el texto literal o en lo que se dice, sino también en lo que los personajes callan, en lo que esos cuerpos guardan y contienen. Y La Novia, particularmente, vive constantemente reprimiendo algo.

Camila Granara: Sí, ella está todo el tiempo intentando controlar algo que, en realidad, la desborda. Desde el cuerpo fue un trabajo muy intenso. Trabajé mucho la tensión física, la respiración, las pausas y la energía contenida.

Candela González: Por eso también fue un proceso de mucha entrega emocional. Es una obra muy intensa.

Camila Granara: El cuerpo termina hablando incluso antes que las palabras. El espacio de ensayo fue clave porque, al haber dos elencos, se desarrolla una escucha más minuciosa, la observación y el trabajo de vínculo con los otros personajes.

Candela González: Creo que el desafío de las funciones fue, y sigue siendo, habitar esa intensidad y esa incomodidad sin automatizarla. Poder sostener esas tensiones tan fuertes sin que todo quede en automático.


Candela González: La modalidad de dos elencos me parece súper enriquecedora. De alguna manera te muestra —o te obliga, en el buen sentido— a entender que no existe una única manera correcta de construir un personaje. Ver el trabajo de Cami sobre La Novia hace que me surjan preguntas nuevas sobre el personaje todo el tiempo, y eso está buenísimo.

Camila Granara: Trabajar con esta modalidad es, por un lado, agotador y, por otro, súper enriquecedor. La observación se vuelve clave y te habilita un abanico de juego enorme.

Candela González: La verdad es que nos ayudamos y potenciamos mucho. Siempre que aparece alguna duda o alguna cuestión sobre el personaje, enseguida lo hablamos y le preguntamos a la otra qué piensa. A mí me ayuda mucho observar otras energías, otras formas y otras corporalidades de atravesar las escenas.

Camila Granara: Ver a Cande ponerse en la piel de La Novia, personaje que admiro cómo habita con tanta sensibilidad y pasión, me permite descubrir cosas propias para seguir creciendo. Es interesante observar otras maneras de manejar la intensidad y los silencios en escena.

La observación despierta la creatividad y, en el trabajo del actor, eso es fundamental porque amplía el campo de percepción. Creo que la convivencia entre distintas versiones enriquece muchísimo el proceso creativo, porque mantiene al personaje vivo y en constante búsqueda.



Camila Granara: Sí, hubo varias, pero personalmente me impactó mucho cómo Lorca trabaja la idea del destino y de algo inevitable que atraviesa toda la obra.

Hay escenas donde se siente que los personajes intentan escapar de lo que desean o de lo que les toca vivir, pero igual terminan siendo arrastrados por eso.

En particular, me marcó mucho el momento en que La Novia finalmente rompe con todo lo que venía reprimiendo, porque ahí aparece una verdad muy humana y muy dolorosa a la vez. La escena del bosque es donde culmina un encuentro fundamental, donde los personajes rompen con todo lo que se espera de ellos. Ahí aparecen la pasión que atraviesa los textos y la contradicción de un miedo que termina acorralándolos.

Candela González: Hay muchas imágenes y textos de esta obra que me ayudan a cargar los momentos más intensos. Pero, si tengo que elegir uno, sería la imagen simbólica de la Luna y la Muerte en el bosque, iluminando y prácticamente guiando el camino hacia lo que va a suceder. Me parece completamente poética.

Ambas transmiten y sostienen la idea del destino trágico, esta sensación de que los personajes ya están encaminados hacia lo inevitable. Creo que, a partir de ese momento, La Novia puede ver que los hechos son irreversibles y que tiene que hacerse cargo de su destino.


Camila Granara: Siempre pienso que el resultado puede variar, pero que lo verdaderamente importante es el proceso y el trabajo colectivo. Para mí eso es fundamental.

Si bien ya conocía a muchos de los chicos, trabajar juntos fue algo distinto. Me recibieron con un amor y un compañerismo hermosos, algo que valoro muchísimo. Poder confiar plenamente en el grupo como sostén, sobre todo en una obra tan fuerte emocionalmente y tan sensible, fue muy importante para mí.

Me quedo con una sensibilidad habitada desde otro lugar, que La Novia me permitió conocer.

Candela González: Sin dudas me quedo con la experiencia de haber atravesado un personaje tan complejo, tan contradictorio y tan humano. Creo que La Novia me obliga a incomodarme, a hacerme preguntas y a conectar con emociones y zonas muy vulnerables, tanto mías como de cualquier persona que la interprete.

Me llevo muchísimo aprendizaje humano. Muchas veces las obras intensas generan vínculos muy especiales entre quienes las hacemos. Se formó un hermoso grupo de artistas, compañeros y amigos.


Entre la fuerza de un clásico que sigue atravesando generaciones y la energía de un elenco que encontró una nueva vida para la obra más allá del aula, Bodas de Sangre vuelve a demostrar por qué el universo de Federico García Lorca continúa resonando con tanta intensidad.

Desde la mirada de sus directores hasta la experiencia de quienes encarnan a La Novia, esta adaptación pone en primer plano la poesía, los silencios y los conflictos humanos que habitan la obra. Y lo hace a través de un proceso profundamente colectivo, donde cada ensayo, cada función y cada vínculo construido en el camino terminaron convirtiéndose en parte esencial de la propuesta.

Porque algunas historias nunca terminan de irse. Y cuando encuentran nuevas voces para contarlas, vuelven a cobrar vida sobre el escenario.

Bodas de Sangre se estrenará el próximo 6 de junio y podrá verse todos los sábados a las 21 hs en el Teatro Gargantúa. Las entradas acá.


Funciones:
📅 Todos los sábados de junio
🕘 21 hs
📍 Teatro Gargantúa
🎭 Estreno: 6 de junio


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