Cuando hablamos con Charly Wasserman, Privilegio de Sangre no se había estrenado. Al momento de escribir esta nota, la serie lleva dos semanas disponible en Shorta. Lejos de querer disculparme por mi sentido anti-primicia de publicación, lo que estoy queriendo contar es que lo que estás a punto de leer va mucho más allá de una charla desgrabada que se tiene para promocionar un estreno inminente. Porque los microdramas verticales son un formato que gana terreno —y esto significa lo que estás pensando—: el futuro de la narración de historias ya llegó. Es vertical, lo ves en tu teléfono y los capítulos duran en promedio 90 segundos.
Y en este escenario aparece Charly, que es, entre muchas cosas, un creador de mundos. Porque tiene la capacidad de contar historias en un formato como la ficción sonora que, dejando afuera las imágenes —esas que dicen que valen mil palabras—, logra que ese teatro de la mente proyecte realidades en los oyentes. Él ya nos llevó a otro futuro con Número Oculto y a un presente mucho más cercano y terrorífico con DIAL. Ahora se mete de lleno en este nuevo universo que se ve en vertical y que, por el propio recorte de la imagen, también deja mucha información visual afuera. Lo hace con Privilegio de Sangre, una serie creada y escrita para Shorta junto a The Eleven Hub. Un policial de enigma atravesado por el melodrama que toma una estructura clásica —una familia, una herencia, un asesinato y un culpable que está entre ellos— y la lleva a una forma de consumo que obliga a pensar distinto cómo se cuenta una historia. De eso, justamente, hablamos con Charly: de qué pasa con las historias cuando cambia la manera de contarlas y también la manera de mirarlas.
—¿Cómo nace «Privilegio de Sangre»?
—Bueno, Privilegio de Sangre es la primera ficción que creé y escribí junto a la productora The Eleven Hub, la productora de Loli Miraglia, que es una de las pioneras de la ficción vertical en Latinoamérica y una de las productoras más importantes de este formato actualmente. Esta es nuestra primera colaboración de muchas para Shorta, que viene teniendo una repercusión enorme, un volumen de producción muy amplio y un nivel de historias muy bueno. En ese contexto, el 4 de agosto se estrena Privilegio de Sangre, que es, de cierto modo, una rareza dentro del formato vertical. Porque a mí una de las cosas que más me interesaron de poder meterme en este formato y de poder trabajar con Shorta es esta visión de hacer historias pensadas para vertical, con su ritmo y narrativa, pero con una apertura muy amplia a trabajar en géneros narrativos particulares y mixturas de géneros narrativos particulares. Y en ese contexto el whodunit, el policial de enigma, de quién lo hizo, al estilo Agatha Christie, Edgar Allan Poe, Sherlock Holmes, es un formato que de entrada me pareció idóneo para el formato vertical.
—¿Por qué?
—Por un lado, por motivos ligados a la narrativa: el enigma de quién es el asesino y el contrarreloj por encontrarlo es un motor narrativo muy potente y muy claro que permite la rítmica del vertical, con su hook, con su beat, con su cliffhanger. Y por otro lado el whodunit también me parece propicio para el vertical por su modelo de producción, porque por definición es un grupo reducido de personajes en una sola locación, tratando de averiguar quién es el asesino suelto entre ellos. Por esos dos motivos empezamos con Privilegio de Sangre, que es una historia en este género, en la lectura del testamento de un millonario llamado Gerardo Gueco y su grupo de hijos que compiten por entender quién es el heredero y un asesinato que ocurre en este espacio.

— ¿Qué cambia en la escritura a la hora de pasar de las audioseries a este nuevo formato de microdramas verticales?
—Cambia mucho, pero yo detecto de todos modos una raíz similar en el podcast de ficción y en el microdrama vertical desde la escritura. En el podcast de ficción los capítulos son más largos que en el vertical, sin embargo, al no contar con la imagen, también es muy necesaria la estructura de beat constante, de ritmo y de cliffhanger potentes para poder traccionar a un siguiente episodio. Yo venía primero con Número Oculto, que es un thriller de ciencia ficción, después con DIAL, que es una historia de terror melodramático, y ahora con Privilegio de Sangre, que es un whodunit vertical melodramático. Hay una vena narrativa entre ambos formatos que noto similar. Obviamente el salto de escribir para audio a escribir con imagen tiene diferencias técnicas y narrativas clarísimas, pero bueno, yo originalmente vengo del audiovisual, trabajé en series y películas antes y para mí el salto fue orgánico.
Previo a Privilegio también escribí un microdrama vertical para la productora española Banijay Iberia, que se llama Fuckin’ Honeymoon, que se va a estrenar pronto. Actualmente también estoy desarrollando proyectos de ficción vertical para Televisa, para ViX Micro, con lo cual realmente vengo con un camino cada vez más consolidado en este formato nuevo que es el microdrama vertical.
—A la hora de escribir para un formato pensado para verse en vertical, ¿cómo cambia la manera de construir una escena? ¿Qué condiciona esa pantalla, con menos espacio visual que el formato horizontal, y qué desafíos aparecen cuando lo escrito tiene que convertirse en imagen?
—Es buenísima la pregunta. En principio no lo pienso tanto como escenas, como sí lo pienso tal vez en una serie o incluso en un podcast de ficción. En el caso del microdrama vertical yo lo pienso casi como pequeños cuentos, pequeñas unidades de sentido que tienen un comienzo, nudo, desenlace, y en este caso el comienzo tiene que ser absolutamente atrapante y el cuento no tiene que dejar de latir nunca, tiene que sentirse cada uno de los latidos, hasta siempre llevar a una interrogante, nunca a una respuesta. Generalmente estamos hablando de 40 capítulos de 90 segundos o 60 capítulos de 90 segundos, aproximadamente. Yo lo veo por capítulos. Mi teoría es: al capítulo hay que entrar tarde y hay que irse temprano.
—¿Qué significa eso?
—Entrar tarde significa que el microdrama vertical empieza en medias res, con el conflicto ya desarrollado, y caemos como paracaidistas al meollo del conflicto. Y nos vamos temprano porque nunca nos vamos con la respuesta sino con la tensión alta, con la pregunta desarrollada. Y después, obviamente, el entendimiento de que no puede haber diálogos eternos. Para mí no deben ser de más de tres líneas. El entendimiento de que no podemos tener un capítulo que tenga multiplicidad ni de escenas, ni de locaciones, ni de cambios de vestuario, ni de elementos de arte, porque en el microdrama vertical el escritor es también un poco el productor. En el microdrama vertical nunca fue tan importante trabajar a conciencia en el guión, no solamente por lo atractivo de la historia sino por la viabilidad de esa historia dentro de este formato, en sus tiempos de producción y en sus presupuestos de producción.
—O sea que, con capítulos de 90 segundos, uno podría pensar que un monólogo queda afuera del formato…
—A ver, las reglas están hechas para romperlas. Para mí no existe monólogo no, es a ver qué está sucediendo en ese monólogo, durante ese monólogo, de dónde proviene ese monólogo, cómo choca eso con el mundo en el cual se expresa ese monólogo, digo, hay un montón de variantes por las cuales un monólogo sí podría funcionar en vertical y sí podría ser algo original y auténtico. En primera instancia te diría, y no es lo primero que agarraría en mi caja de herramientas para narrar una historia en vertical, pero no existe. Como te digo, estamos contando una historia del estilo Agatha Christie en vertical. Esto está hecho para reinventarse constantemente.
—Hablando del elenco, hay una pregunta que suelo hacerte en todos tus proyectos porque me interesa mucho ese momento de la escritura: cuando imaginabas a estos personajes, ¿ya tenían una cara? ¿Había algún intérprete o alguna intérprete que tuvieras en mente? ¿El elenco de Privilegio de Sangre se parece al que habías imaginado?
—En este caso en particular yo soy creador y escritor, no soy productor, entonces la verdad es que más allá de algún comentario, alguna sugerencia, no tengo una injerencia completa en la decisión del elenco. De todos modos hay un elenco espectacular en Privilegio de Sangre y también en mis próximas historias que están por venir. La productora The Eleven Hub, con Loli Miraglia, con Eugenia Link, que también trabaja en contenido y con quien ella me supervisó el desarrollo de estos proyectos de Privilegio y de los próximos, la verdad que hacen un súper trabajo el casting.
Y cada vez los elencos de vertical, esto es importante también remarcarlo más allá de mi proyecto, los elencos en vertical y la calidad de producción en vertical está subiendo cada vez más. Empezó como un meme, como un formato del cual muchos desconfiaban, descreían y prejugaban, a narrativas nuevas, a elencos cada vez mejores, a muy buena fotografía, a una cruza con la producción de calidad, empezó a volverse un nuevo tubo de ensayo para la ficción que es muy necesario porque para que lleguen ficciones grandes el recorrido de los equipos de trabajo, de los creadores, de las creadoras, tiene que tener instancias de laboratorio. Y el único laboratorio que hay en esto es el hacer, no hay otro, entonces el formato vertical también tiene esa bondad en este momento.
—Hay algo que aparece seguido en tus historias: el suspenso, esa idea de que siempre hay algo que el espectador todavía no sabe y que se va revelando a tu ritmo. ¿Qué encontrás en ese género que te sigue atrayendo para contar historias?
—Sí, es cierto, mis historias todas tienen una vena vertiginosa de suspenso. En el caso de Privilegio de Sangre, Agatha Christie, Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, son mis lecturas de chico y están ligadas en una forma que expreso a través de lo que hago. A mí me gusta mucho el mestizaje de género, que vos puedas ver un proyecto e identificar claramente qué género es para que eso te ubique, ubica al espectador, y le ofrece una puerta de entrada amigable a las historias. Decir: «ok, voy a ver una al estilo Agatha Christie, desde quién es el asesino». Pero después que ese género esté maridado con melodrama, como es el caso de Privilegio; con ciencia ficción, como es el caso de Número Oculto; con la comedia romántica, como es el caso de Fuckin’ Honeymoon, la que hice para España, con el terror, como es en el caso de DIAL. Entonces a mí me interesa ese mestizaje de géneros y después algo de lo cual estoy cada vez más seguro es que lo que da vida a todo eso son los personajes.
Son personajes que se sientan de verdad, que tengan sus conflictos, un acceso de una empatía y sus particularidades. En el vertical directamente no hay tiempo de desarrollo del personaje, no es que yo te puedo contar mucho sobre un personaje. Lo cual, de cierta forma, a mí me gusta porque nosotros nos expresamos quiénes somos al mundo mucho más que por lo que decimos, por cómo nos comportamos. Los pequeños comportamientos en nuestra vida cotidiana dicen mucho de quiénes somos nosotros en el fondo. Y en el vertical vos tenés que saber muy bien quiénes son los personajes porque no tenés una instancia de desarrollo tan profunda como sí la tenés en cine o en series horizontales. Necesitás que quede muy claro quiénes son y qué son en cómo se comportan en la trama, en esos momentos.
—Claro, porque a la hora de contar un personaje en una ficción vertical, donde el tiempo de desarrollo es tan limitado, el poder de síntesis parece ser fundamental.
—El poder de síntesis es todo, por eso yo te decía que no veo el vertical como escenas. Yo veo el vertical casi, te diría, como un haiku, con ese poder de sintetizar. Para mí el vertical es el rayo dentro de una botella, poder embotellar un rayo, es eso. Y hacerlo cada vez durante 40 episodios, y bueno, como es mi caso, ya con seis proyectos en continuado, pero bueno, eso es ir al gimnasio.
—Cuando escribís para vertical, sabés que del otro lado hay alguien mirando desde el celular, con mensajes, redes y notificaciones compitiendo por su atención. ¿Pensás la escritura desde esa batalla por retener al espectador o confiás primero en que una buena historia va a encontrar la manera de sostenerlo?
—Es una mezcla de ambas. Si te centrás solamente en la batalla de la atención, te olvidás de hacer el amor con tu historia, y ambas cosas son necesarias y son reales. Entonces por un lado yo tengo muy muy en claro el contexto en el cual se están consumiendo este tipo de historias, como también lo tenía con el podcast de ficción. Sin embargo hay estadísticas fenomenales que muestran que hoy en día el vertical ya compite con el prime time televisivo. Es decir, ese horario donde el celular no estaba porque estabas viendo una serie en Netflix, o una serie en lineal, o lo que sea, ya está también atravesado por la multipantalla. Entonces hay una batalla real por la atención, la industria del entretenimiento se mueve ahí, y hay otra realidad que es que la industria del entretenimiento también se mueve por el inconsciente colectivo. Y la única forma de hablarle al inconsciente colectivo de la audiencia es a través de historias memorables, no hay otra.

—En tus ficciones sonoras trabajás con un lenguaje donde la imaginación del oyente es fundamental para completar aquello que no se ve. Ahora que estás trabajando con imagen, ¿qué te dejó ese recorrido por la ficción sonora que todavía sigue presente en tu manera de contar en vertical?
—La economía de recursos narrativos, sin lugar a dudas. El haber aprendido a trabajar sin imagen para contar historias de plataforma, porque no es que nos contamos un cuento en la oscuridad, sino que contamos un cuento en la oscuridad en una plataforma masiva de alcance. La economía de recursos es algo que me llevo para siempre en el contar. Yo siempre tendía a lo barroco y esto me lo fue sacando. Todo el proceso para mí es de sacar más que de agregar. Después me dejó confiar en el público. Confiar en que todavía existe una imaginación y que hay algo, a pesar de toda la batahola de contenido, algo mágico en contar una historia y cómo eso conecta, no importa en qué formato ni qué modo de consumo se haga.
La importancia del ritmo es algo que me llevo de ahí, que traigo para acá, sigue estando. Y también la importancia, sobre todo, de lo que no se ve, que en el vertical muchas veces está dado por el modelo de producción. Porque vos decís: “Ok, ahora me encantaría ir a cortar e irme a una cancha de fútbol donde el protagonista está jugando”. No existe. Como en audio. Y yo vengo de un lugar en donde en audio, en principio, eso no es un problema porque podés hacer el corte. Hay que ver cómo se entiende eso en audio después, pero no tenía esa limitación. Sin embargo sí tenía la limitación de lo que no se ve. Entonces, al final, el ascetismo narrativo es muy saludable. El ayuno narrativo es muy saludable para los escritores y escritoras, porque después, cuando hay abundancia de cualquier tipo, no nos perdemos en la abundancia y prima la moderación que se necesita para contar cualquier historia.
Y acá volvemos al principio. Porque cuando tuvimos esta charla faltaban algunos días para que Privilegio de Sangre llegara a Shorta y Charly todavía hablaba de ese estreno en futuro. Vos ya sabés algo que ninguno de los dos sabía en ese momento: la serie ya está ahí. Pero no quiero dejar esta pregunta afuera de la nota porque la respuesta termina hablando de bastante más que una fecha en el calendario.
—¿Cómo palpitás el estreno de Privilegio de Sangre y qué le decís al público que todavía no se animó a ver una ficción en vertical?
—De Privilegio de Sangre espero que se estrene, que a la gente le guste compartir, y como siempre poder comunicarlo, porque la forma que nosotros tenemos de continuar generándonos oportunidades de contar nuestras historias es a través de las historias que ya contamos, y en ese rulo es en el que vivo y en el que me gusta vivir. Así que siempre que una historia llega a cualquier tipo de pantalla, o a cualquier público por cualquier medio, es un motivo de festejo, es una buena noticia. También a mi entender nunca se contó una historia whodunit en vertical, con lo cual lo considero una particularidad muy importante y una extensión natural del camino que yo ya vengo recorriendo en cuanto a los géneros narrativos y el estilo que tengo de contar historias.
Y al público le digo que se acerque, que Shorta es una plataforma espectacular, que hay un montón de series buenísimas, que los primeros diez capítulos los ves gratis, que después tiene un pago mínimo, un pancho y una coca, y tenés un mes de ver historias buenísimas con talentos locales espectaculares. Hay toda una generación nueva que está contando historias que están buenísimas, así que nada, que se acerquen. Y Privilegio de Sangre puntualmente, yo la considero premium, una serie vertical premium de género, con la dirección de Jorge Bechara, un director reconocidísimo de series, de películas, de telenovelas, así que bienvenido a todo el público que quiera subirse a bordo.
Privilegio de Sangre ya está disponible en Shorta. Ya leíste lo que Charly tenía para decir acerca de las reglas del formato, el poder de síntesis, la lucha por la atención del espectador y las nuevas formas de contar historias, ahora te queda la mejor parte: agarrar el teléfono, ponerlo en vertical y disfrutar. Si te gustó esta nota, suscribite a El Walkman dejando tu mail para recibir nuestras novedades. Y si además querés ayudarnos a seguir haciendo periodismo cultural independiente, podés invitarnos un cafecito.



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