Dólar Blues empezó tocando covers y, casi sin darse cuenta, fue esas versiones que se hicieron propias fueron el motor para entrar en las composiciones propias. En el camino pasaron de tocar en una fiesta familiar a los más diversos escenarios y poco a poco descubrieron que sí, que había un público para ellos. Uno que show tras show suma cada vez más desconocidos.
Sobre esa historia, la de pensar siempre en lo mejor para el show y no dejar nada librado al azar habla esta entrevista. De la mano de Julián Barbero, el saxofonista de la banda, vamos a conocer la historia de Dólar Blues, la banda que el miércoles 16 de septiembre a las 20:45 llega a Café Berlín para escribir otra página en su historia.
¿Cómo nace Dólar Blues?
A Dólar Blues lo crea Guille, el baterista de la banda. Él tocaba la bata de chico y después de la pandemia empezó a tomar clases con Adri, que había sido el profe de batería de su hija. Después de algunas clases, Guille le dice a Adri que en realidad él no quiere estudiar música, que lo que quiere es tocar la batería, tener una banda y, por decirlo de alguna manera, vivir la vida del rockstar. Cuando escucha eso, Adri lo corta en seco y le dice que se haga la banda y deje de ir a las clases. Entonces Guille le retruca: “Yo la hago y vos la dirigís”. Así se suma Adri a Dólar.
Después llegó Maxi, que es el sobrino de Guille y que tenía un proyecto solista espectacular. Y yo llegué porque Guille vio videos míos tocando el saxo y le pidió al sobrino, que es amigo mío, que me preguntara si me quería sumar a la banda que estaba armando. Cuando me dijo eso, a mí se me llenaron los ojos, porque yo siempre había tocado el saxo en casa, con mis amigos, nunca había tenido una banda. Entonces obviamente me sumé. Y ahí nace Dólar Blues. Un proyecto, vamos a decir, entre amigos y familiares, porque para mí, Guille es como mi tío.
Antes de seguir con la historia de la banda contáme ¿Cómo nace tu relación con la música?
Mi relación con la música nace desde muy chico. Mi abuelo canta tango y cuando él era más joven se juntaban en su casa, pianistas, bandoneonistas, guitarristas, otros cantores. Yo era muy chiquito y pasaba mucho tiempo con mis abuelos, entonces recuerdo estar abajo de la mesa con todos estos músicos del carajo, porque han pasado músicos muy importantes del tango por mi casa. Recuerdo esos sonidos, las voces, las canciones, mi abuelo que me hacía tomarle evaluación de si se olvidaba la letra o no. Creo que esos fueron mis primeros contactos con la música. Mi tío también baila rock and roll, baila espectacular, da clases, parece que flota en el piso.
De chiquito quise tocar la guitarra, pero no prosperó. Recuerdo patente escuchar en lo de mi viejo discos de Sumo y de Los Redondos y preguntarme qué era ese sonido que acompañaba a la banda, ese poder, ese sonido grave o agudo a veces que destacaba en espacios o en canciones, como un instrumento misterioso. Cuando me dijeron que era el saxofón, empecé a investigar, a buscar, a escuchar jazz, que también me rompió la cabeza.
Cuando terminé el colegio, con mi primera guita me pude comprar el primer saxo. En casa no querían saber nada. Empecé a tomar clases, empecé a estudiar y traté de coquetear con el conservatorio, pero sentía que no era para mí, que yo lo que buscaba era otra cosa. Seguí tocando en casa, con bases, tomando clases, hinchando las bolas con mis amigos. Había otro que tocaba el saxo y compartíamos aprendizaje, pero siempre todo muy amateur y muy casero.
No me terminaba de animar a tocar solo, siempre pensaba que necesitaba una banda o algo, y apareció Dólar Blues. Ahí me animé y empecé a tocar, a componer, a mejorar, porque aprendí un montón. Considero que me falta un montón todavía, que soy un aprendiz, pero ya tengo varios años y varios escenarios, así que eso me da fuerza y me da ganas de seguir adelante.
Puedo tocar dos saxos, el alto y el tenor. Empecé con el alto un tiempito y enseguida pasé al tenor, que para mí es mi joya. Puedo adaptarme, he tocado temas con la armónica, con el piano, hago a veces coros, canto. La verdad que Dólar Blues me potenció esa faceta artística. Adrián y Maxi son dos músicos del carajo, gente de conservatorio, que estudió, que sabe un montón de música y que bastante nos ayudan a mí y a Guille a mejorar y aprender un montón. Esa es mi historia con la música y el instrumento.
Volvamos con la banda. ¿Cómo fue el primer show?
El primer show fue en el cumpleaños de la hermana de Guille. Armamos una lista de covers que no fallaban, pensando en el cumpleaños, y también un poco en probar, a ver cómo nos sentíamos, cómo nos llevábamos, y fuimos a tocar.
El cumpleaños salió bárbaro, la pasamos muy bien, fue un momento muy copado. Después nos juntamos para ver cómo continuábamos.
¿Cuándo aparecieron las canciones propias?
Guille tenía un cuaderno guardado donde, durante la pandemia y muchos meses más, fue escribiendo letras. Tenía una particular que le gustaba mucho y que terminó siendo como nuestro manifiesto: Arte y Rebelión.
Empezar a probar el trabajo de composición fue una decisión de la banda: abrirnos de los covers y volcarnos a hacer canciones propias. No sacamos los covers del todo porque, como banda, coincidíamos en que estaba bueno tener ambas cosas.
Ahí empezamos a componer. Maxi tenía letras que le sobraban de su proyecto solista o que pensaba que no iban para la banda que estaba teniendo. Yo tengo algunas cosas escritas también, siempre que voy llevando, y entre todos leemos, cambiamos, mejoramos, traemos alguna idea o, de alguna situación que nos pasa, vamos sumando letras nuestras al repertorio de Dólar. Hoy tenemos seis canciones nuestras y algunas que ya están por venir también.
Más allá del primero, ¿hay algún show del que guardes un recuerdo especial?
Bueno, sacando el de ese cumpleaños que fue la primera vez que me paré en un escenario frente al público y que para mí fue un momento increíble porque me sentí en mi lugar, te puedo nombrar dos shows. Uno fue el segundo show que hicimos en el barrio. Fue la primera vez que tocábamos para gente que no sea invitada a un evento. Nos vino a ver un montón de gente, estaban en la calle, y fue la primera vez que además de tocar el saxo canté. Algo que no estaba en mis planes, pero salió la idea, vimos que funcionaba y la banda acompañó.
El otro es el que tuvimos en Planta Alta, donde grabamos nuestro primer disco en vivo. Fue un show muy lindo y además lo llevo en mi corazón porque fue la última vez que me vino a ver una muy amiga mía, que falleció pocos días después. Fue la última vez que pude ver a todos mis amigos juntos, disfrutando, pasándola bien. Es para mí una imagen que nunca me voy a olvidar y que la llevo siempre conmigo a donde toco.
¿Cómo palpitás el show que se viene en Café Berlín?
Creo que este show del miércoles va a ser bisagra porque es un lugar que a mí me encanta, siempre soñé con tocar ahí. Iba a ver bandas y decía “uh, loco, mirá, ojalá algún día pueda tocar en un lugar así”, y bueno, estoy a menos de una semana de cumplir con ese sueño. Por eso también me gusta llegar preparado: soy bastante metódico en ese sentido, me armo como la lista en Spotify de lo que vamos a tocar y la voy escuchando en el auto, algún que otro día agarro y me pongo a repasar la lista en mi casa, busco covers o ideas para aplicar en los solos o en los segmentos. La verdad que me gusta mucho ir amoldándome al show que voy a dar. Me gusta ir escuchándolo, viéndolo, prestando la atención.
¿Cómo arman sus shows?
Depende mucho del lugar donde vamos a tocar. Si sabemos que tenemos un show largo, tratamos de tener una narrativa de show y pensar en función del lugar. Si es un lugar cerrado, más oscurito, si es un lugar más trash; si es un lugar donde por ahí tenemos un turno corto, o es la primera vez que vamos a un lugar y queremos quedar bien, entonces salimos a matar o morir. Creo que tiene que ver un poco eso, la ingeniería de la lista, y que trabajamos en base al lugar donde vamos a ir y a la gente que nos viene a ver.
Nosotros más o menos sabemos qué público nos puede llegar a venir a ver a uno u otro lugar, entonces tratamos de darle al público un poco de lo que sabemos que le gusta, y también esto de darle un poco de cada uno de nosotros, para que cada uno tenga su espacio y pueda lucirse y hacer algo que le gusta.
No nos da lo mismo tocar en un lugar que sea medio trash que tocar en Café Berlín, que por ahí es algo un poco más blusero, más prolijo. Entonces desde ese lado nosotros también trabajamos y pensamos nuestra lista, los trucos, cómo nos vestimos, todo eso está pensado también en los lugares.
¿Qué lugar ocupa el público en el crecimiento de la banda?
La verdad que por suerte tenemos un grupo de gente bastante grande que nos sigue a todos lados donde tocamos y para nosotros es sorprendente poder contar con gente tan incondicional. Todas las fechas que hacemos tenemos ya una base de gente que nos acompaña y nosotros también les prestamos atención al feedback que vamos recibiendo, a lo que nos cuentan que les gustó, qué podríamos sumar o si estaría bueno que alguno haga alguna sección extra.
Sabemos que el laburo de músico y la carrera de una banda siempre es muy complicada, cuesta arriba, de boca en boca, de depender mucho de tu gente para después transformar eso y replicarlo, y por suerte a nosotros se nos da. También buscamos tocar en lugares de nicho o lugares donde sabemos que ya va gente predispuesta a escuchar la música que por ahí nosotros podemos ofrecer. Entonces, de una manera un poco más estratégica, buscamos que la gente que va al lugar a escuchar algo pueda conectar con la banda nuestra.
Para cerrar, ¿por qué Dólar Blues?
Bueno, la historia del nombre —que siempre fue así— tiene que ver con Guille. Él trabaja en una inmobiliaria y cuenta que, cada vez que prendía la tele durante la pandemia —y la pospandemia—, lo único que veía era: “Subió el Dólar Blue, subió el Dólar Blue, subió el Dólar Blue”. Entre eso y la costumbre de su trabajo, un día dijo: “Bueno, mi banda se tiene que llamar Dólar Blues, así sube algo que me gusta”.
El miércoles 16 de septiembre a las 20:45 Dólar Blues llega a Café Berlín. Ya sabés cómo nació la banda, cómo fue encontrando su sonido entre covers y canciones propias y qué hay detrás de cada show. Ahora queda la parte más linda: ver qué pasa cuando se encienden las luces y Dólar Blues sale a tocar conseguí tus entradas acá.
Si te gustó esta nota, dejános tu mail y suscribíte para no perderte ninguna nota-
Y si además querés ayudarnos a seguir haciendo periodismo cultural independiente, podés invitarnos un cafecito.



Deja un comentario