Llorá como un hombre

Dice Fernanda Nicolini que soy un militante de la palabra. Le doy la razón. Porque escribir es para mí un lenguaje primario irrenunciable. Porque, créase o no, me siento más cómodo en la palabra escrita que en la palabra hablada, aunque tenga un amor eterno a la entrevista que se hace en un podcast. Pero no me quiero dispersar demasiado, porque me voy por las ramas y me cuesta volver. Resulta que ayer mi amiga Alfonsina Carissimo me propuso que escriba un texto acerca del llanto masculino, que desde que existe La Scaloneta parece estar socialmente blanqueado y aceptado. Porque, digamos todo, los nacidos en los ’90, como las generaciones anteriores, fuimos criados bajo un mandato: «llorar es de nenas», o de maricones, según la casa en la que hayamos crecido. Entonces había que ser muy macho para llorar fuera del ámbito más íntimo: el cuarto propio y que no haya nadie en casa, por las dudas. Pero ahora, en 2026, por suerte la cosa está cambiando. Se habla de muchas cosas de las que antes no se hablaba y las lágrimas también son cosa de hombres.


Llorá como un hombre

Lloramos. Y no es solo por fútbol, porque nunca lloramos por lo último que pasó, sino por todo lo que venimos guardando. Hay generaciones enteras que crecieron con el mandato que dice que los hombres no lloran. Que llorar no es de hombre. Y quién sabe cuántas mentiras más. Por eso el fútbol se convierte en la excusa perfecta. Ahí se esconde el llanto de bronca, de frustración, de impotencia, de dolor, de todo lo que no se dijo. Pero hace un tiempo que la masculinidad se está redefiniendo. Y de golpe descubrimos que está permitido llorar. Y qué alivio.

Porque llorar es vaciar. Es decir: “esto me pasa, esto siento”.

Por eso celebro este cambio de paradigma. Que los emblemas de la selección, La Scaloneta, hablen de salud mental en cámara. Que hablen de la importancia de decirlo todo. De expresar el amor con palabras y no solo a los golpes, que a veces también los hay. Y de llorar, porque así se expresa el dolor del alma… Y también la alegría que no entra en el cuerpo. Porque sí: los hombres también somos emocionales. Y lloramos cuando los sentimientos desbordan. Lo que ayer era mandato y silencio, hoy es palabra y comprensión.

Y si en tu casa todavía no pasa, ojalá vos, que como yo creciste con el “no llores que eso es de nenas”, te des el permiso. La fragilidad de un hombre es tan humana como cualquier otra cosa. Llorá como un hombre. Cada vez que lo necesites.


Encontrá este texto y otros más en el podcast «Este texto se autodestruirá» en spotify.


Deja un comentario

Sitio web creado por WordPress.com.

Subir ↑