¿Qué pasa cuando el teatro deja de querer explicar y empieza a desarmar todo lo que parecía entendido? La imaginación enferma, dirigida por Marcelo Savignone y protagonizada por Tatiana Sarbia, Leandro Arancio, Milagros Coll, Sofía González Gil, Valentín Mederos, Guido Napolitano, Belén Santos y el propio Savignone, se mete de lleno en ese territorio incómodo donde la escena ni ordena ni tranquiliza. Empuja, desborda y rompe con la promesa de sentido del drama tradicional. Acá no hay una historia con una resolución clara. Hay una experiencia que obliga a mirar desde otro lugar.
Para entrar en ese mundo donde las escenas se arman, se rompen y se vuelve a armar a la vista del público, desde El Walkman charlamos de con Marcelo Savignone para conocer más acerca de la obra que se presenta los sábados a las 17 hs en el Teatro del Pueblo – Lavalle 3636 CABA –
– «La imaginación enferma» propone una crítica al drama moderno y a su “complacencia”. ¿Qué te interesaba poner en tensión de esas formas tradicionales del teatro?
La crítica a la “complacencia” del drama moderno es un modo práctico de poner en tensión el teatro desde el teatro en sí. No es un señalamiento externo, sino la incómoda complicidad en la que nos encontramos inmersos frente a los modos hegemónicos de dominación.
Las expresiones tradicionales tienden a organizar la experiencia en estructuras reconocibles, donde el conflicto se encamina hacia un desenlace o sentido último. Eso puede que sea un modo tranquilizador para que al espectador le permite comprender, cerrar, incluso identificarse sin fisuras. Realizar la catarsis y no pensar al respecto.
Lo que me interesa es poner en tensión esa promesa de sentido, «si estamos como estamos es porque no pensamos». ¿Qué pasa cuando la escena no ordena, sino que desborda? ¿Cuándo la obra de teatro empieza a mostrar sus grietas? En ese punto aparece la “enfermedad” de la imaginación: no como falla, sino como exceso de sentido, como imposibilidad de seguir creyendo en un relato o una identidad, en una verdad última.
Lo político (no partidario) emerge en esa incomodidad. Si el drama moderno muchas veces funciona como una máquina de producir en un sentido capitalista (los personajes obran por su interés), cuestionarlo implica abrir espacio a lo que no encaja, a lo que no se deja representar fácilmente. Ahí el teatro deja de ser un dispositivo de confirmación y pasa a ser un territorio de fricción.
-En la obra aparece un gesto disruptivo dentro de la representación de «Un enemigo del pueblo» de Ibsen. ¿Por qué elegiste partir de ese texto y qué habilita esa irrupción dentro de la escena?
Partir de Un enemigo del pueblo no fue casual. Este es un texto que condensa de manera muy clara la tensión entre moral, mayoría y poder.
Me interesaba trabajar sobre ese material justamente porque tiene una potencia política muy directa, casi incómoda, y ver qué pasa cuando esa potencia se reactiva desde adentro de la propia escena.
El gesto disruptivo aparece como una especie de fisura en esa representación: interrumpe la continuidad, desarma la ilusión y pone en evidencia tanto el artificio teatral como las convenciones ideológicas que lo sostienen. Esa irrupción habilita varias cosas a la vez, por un lado, vuelve inestable el lugar del espectador, que deja de estar en una posición pasiva; por otro, reactualiza/territorializa el conflicto de Ibsen en el presente, evitando que quede como una pieza de museo. Condición a la que nos tiene acostumbrados/as ciertos clichés de la cultura.
En ese sentido, la obra no busca ilustrar a Ibsen sino tensionarlo, forzarlo un poco, para que vuelva a producir preguntas hoy. La interrupción no es solo formal, sino también política en el sentido profundo del término, es decir, abre un espacio donde lo que parecía ya dicho puede volver a discutirse.

-La propuesta plantea al teatro como un “campo de batalla entre la verdad y la falsedad”. ¿Cómo trabajaste esa idea desde la dirección y la puesta en escena?
Me interesaba que la obra no “diga” algo sobre la verdad y la falsedad, sino que las ponga a operar como fuerzas en disputa. Desde la dirección, eso implicó construir un dispositivo en donde nada termine de estabilizarse: ni el relato, ni los personajes, ni el punto de vista, ni el tiempo de la representación. Vamos de Ibsen a la Commedia dell’arte sin escalas.
En la puesta, se traduce en varios niveles. Por un lado, en la actuación, buscando que los/as intérpretes oscilen entre distintos registros de actuación. Por otro, en la estructura misma, con interrupciones, desplazamientos y momentos donde lo representado se quiebra y deja ver sus costuras. Por consiguiente, las coreografías y secuencias de movimientos son un eslabón indispensable.
También aparece en la relación con el espectador: no hay un lugar cómodo desde donde mirar. La escena por momentos afirma algo y al mismo tiempo lo pone en duda, obligando a quien mira a tomar posición, o al menos a revisar desde dónde está comprendiendo lo que sucede.
Más que resolver esa batalla, la obra la sostiene abierta. Heráclito decía “no hay guerra o paz, hay guerra y paz». Porque ahí, en esa inestabilidad, es donde el teatro puede volverse un espacio realmente vivo y no una confirmación de certezas previas. De este modo, la batalla cultural (terminología puesta de moda por estos tiempos crueles) ya no es un lugar común y retórico, sino un dispositivo escénico que nos haga pensar realmente nuestro presente.
-La obra cuestiona el rol pasivo del arte frente a la hipocresía social. ¿Qué lugar buscas que ocupe el espectador/a dentro de esta experiencia?
Lo que busco como artista es correrme de un lugar cómodo y complaciente con nuestra época. Intento exponer y por ende, invitar al espectador/ra a que modifique ese lugar contemplativo y llevarlo hacia una experiencia donde tenga que implicarse desde otras lógicas. Comprender desde alguna perspectiva lo irracional del drama moderno.
Eso no significa hacerlo participar de manera literal, sino más bien desestabilizar su posición: que no pueda ver sin preguntarse desde dónde está mirando. Hay momentos donde la escena interpela de forma más directa y otros donde lo que sucede genera una especie de fricción, algo que no cierra del todo y obliga a completar. El teatro como un espacio activo para la imaginación de quien observa.
El espectador/a no como un consumidor de sentido sino alguien que lo produce en tensión con lo que ve.
Desde la Compañía Cuerpos, se habla de un “colapso escénico” y de un ejercicio filosófico. ¿Cómo fue el proceso de construcción colectiva para llevar estas ideas al escenario?
Pensar el colapso escénico es también pensar un colapso del sentido, pero no como una pérdida. Hay un corrimiento ahí: no es que la escena se rompe y entonces ya no significa, sino que el sentido aparece justamente en ese momento de ruptura. En ese desajuste, en lo que no termina de cerrar, es donde algo se revela. Ese es un ejercicio profundamente filosófico. Desestabilizar el orden, poner el dedo en la llaga.
Con la compañía venimos trabajando. Cada vez que nos juntamos se generan pasiones alegres (Spinoza). Nos da ganas de hacer y eso nos provoca la tan anhelada inspiración. Por momentos el teatro se convierte en el mejor de los mundos posibles. Solo eso puede suceder con una compañía que esté dispuesta a ejercitar el amor al arte.

Ficha técnica
Concepción: Marcelo Savignone Elenco: Tatiana Sarbia, Leandro Arancio, Milagros Coll, Sofía González Gil, Valentín Mederos, Guido Napolitano, Belén Santos, Marcelo SavignoneVestuario: Compañía Cuerpos, Gabriela Guastavino, Alfredo Iriarte
Escenografía: Compañía Cuerpos
Objetos: Gabriela Guastavino, Alfredo Iriarte
Máscaras: Gabriela Guastavino, Alfredo Iriarte
Redes Sociales: Florencia Gerez
Diseño De Iluminación: Marcelo Savignone
Fotografía: Cristian Holzmann
Diseño gráfico: Edgardo Carosia
Colaboración en iluminación: Fernando Raíces
Asesoramiento De Arte: Marlene Lievendag
Prensa: Marisol Cambre
Colaboración artística: Lucia Revello
Selección Musical: Compañía Cuerpos
Coreografía: Belén Santos, Marcelo Savignone
Dirección: Marcelo Savignone
Agradecimientos: Lina Boselli, Ana Lascano
La imaginación enferma se presenta los sábados a las 17 hs en el Teatro del Pueblo – Lavalle 3636 CABA podés conseguir tus entradas en la boletería del teatro o haciendo clic acá
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