En segunda persona: Una mirada diferente sobre los saltos cuánticos

Hay días en los que una idea cualquiera, encontrada casi por accidente mientras scrolleás el celular, puede quedarse dando vueltas mucho más tiempo del que imaginabas. A veces empieza como una curiosidad, sigue como una pregunta y termina llevándote a lugares que preferías no mirar demasiado. ¿Qué pasaría si pudieras cambiar algo de tu vida? ¿Si todavía estuvieras a tiempo de convertirte en esa persona que alguna vez imaginaste ser? Entre saltos cuánticos, vidas posibles y algunas cuentas pendientes con vos misma, este texto propone un viaje bastante menos extraordinario de lo que parece y, quizás por eso mismo, mucho más necesario: animarte a pensar qué vida querés habitar y qué estás dispuesta a hacer para acercarte a ella.


Por Lole Navas

Te levantás como todos los días a las 7 de la mañana. Tomás tu primer café mientras scrolleás en las redes sociales buscando vaya uno a saber qué. A las 8.30hs. estás en tu trabajo. Ese trabajo que no te gusta, aunque podría ser peor. O sea; no te disgusta, pero tampoco es lo que elegirías para dedicarte el resto de tu vida. (Algo así era, ¿no?). A eso de las 9:45hs. ya organizaste lo más importante en la oficina así que volvés al celular. Mirás prácticamente sin ver, más para despuntar el vicio que otra cosa, hasta que algo te llama la atención. Entre todas esas imágenes borrosas que pasan compulsivamente, una en particular resalta del resto. Son letras grandes, de un verde llamativo. “SALTO CUÁNTICO” llegás a leer. Te es totalmente ajeno ese concepto. “¿Será como un salto de fe?”, pensás. Aunque tampoco tengas muy en claro esa otra idea. Ok, lo logró. Te atrapó. Deslizás a la segunda imagen del carrusel. “VIAJEMOS AL FUTURO PARA MANIFESTAR TUS DESEOS”. Sonreís de lado. ¡Qué ilusión te hace pensar en tus deseos! Se te iluminan los ojos. ¿Y la idea de viajar en el tiempo? Puff, ¡Sin palabras! En cuanto notás tu sonrisa, todavía sin poder borrarla, negás con la cabeza; te conocés bien, sabés lo que se viene. Suspirás hondo dejándote llevar: “¿Dónde estaría si hubiese logrado manifestar la vida de mis sueños?”. Sentís como tu mente se empieza a agitar; aparecen imágenes como flashes, unas tras otras, de situaciones que no sucedieron -por más que te hubiese encantado que ocurran-, lugares en donde no estuviste -aunque deseabas ir-, personas que hace años que no ves, sin embargo aparecieron -sintiéndose muy familiares- en esta secuencia de hechos que, al estilo cinematográfico de “cuestión de tiempo”, te hubiesen llevado a un lugar muy distinto de donde estás hoy. “Suficiente”, te decís. Demasiado temprano para ponerte a pensar en todo esto y encima, recién estás a martes. Así que bloqueás el celular y retomás tus tareas, volvés a lo tuyo. “Lo tuyo” porque es a lo que te dedicás hoy por hoy, lo que te paga el alquiler. Que no te gusta, pero podría ser peor. O sea; te gusta pero tampoco tanto… Vos me entendés.

El resto del día pasa sin pena ni gloria, sin novedades, sólo rutina; lo mismo de siempre. Pero esa semilla quedó plantada, esperando un poco de luz para seguir creciendo. Y todavía sigue ahí, alrededor de las 18hs, cuando volvés a tu casa. En cuanto llegás prendés la compu y, haciéndote la desentendida, la distraída, la que no te importa (¿A quién querés engañar?), escribís, así, al pasar, esas dos palabras que hoy cambiaron un poco tu día, o al menos, te dieron algo distinto en lo que pensar: SALTOS CUÁNTICOS. Te sentás. Lo primero que te aparece como sugerencia son varios videos. Clikeás en el que más te llama la atención: vos que seguís prefiriendo el lápiz y el papel, no podés resistirte a ese en el que se ven unos dibujos hechos a mano, casi infantiles, en una hoja cuadriculada. Son barras horizontales de distintos colores, con un monigote en el extremo de cada una de ellas. Ponés play. Con la cámara siempre enfocando el cuaderno, una voz femenina comienza a explicar, de manera muy didáctica y usando su gráfico de referencia, este concepto que tan intrigada te tiene. Lo define como un cambio de línea temporal; en palabras de ella, pasar de una línea de tiempo (cada franja de color del dibujo) a otra, idealmente de manera ascendente dentro de la jerarquia que parecen tener. Habla de ellas como posibilidades, potencialidades; realidades paralelas, deducís. Te gusta la idea de imaginarte distintas versiones de tu vida sucediendo simultáneamente. Todas están disponibles al mismo tiempo, según dice, depende de vos con cual te querés alinear, cual de ellas querés habitar… ¡La confusión es total! Igual seguís mirando.

Para sorpresa de nadie, no es como te imaginaste esta mañana: no se trata de algo mágico que te va a trasladar a tu vida ideal con sólo cerrar los ojos y concentrarte lo suficiente (¡Con lo lindo que te quedaba el pelirrojo!), sino que depende de vos. Suena bastante más complicado de lo que te gustaba pensar; pasaste a ser la única capaz y responsable de llevarte hasta ahí. “¿Pero cómo?”, se empieza a sentir cierta irritación en tu tono. Ya no te está cayendo tan bien la mujer del video. Justo a tiempo, como si te leyera la mente (y quisiera mantener la paz entre ustedes), enumera los 3 pasos que, de acuerdo con ella, se necesitan para hacerlo; para dar, por fin, ese tan esperado salto. No es que creas en todo esto, pero ya que estás… Los anotás en un papel:

“Paso 1 → ️ Definir destino.

↓

Definir esa realidad en la que quiero estar.

↓

¿A dónde quiero ir?

Paso 2 → ️Definir la personalidad de la versión mía que vive ahí.

(El monigote del gráfico)

↓

¿Quién necesito ser para vivir en la línea de tiempo violeta (la más alta)?

→ La personalidad crea la realidad y la identidad es la clave para cambiar las líneas de tiempo.

→ No se puede resolver un problema desde el mismo nivel de conciencia que lo creó.

Paso 3 → Empezar a encarnar la personalidad del paso 2.

↓

Realizar microacciones todos los días, hábitos, que me lleven a ella.”

A partir de ahí habla de colapsar la realidad, olas de potencial y un largo etc que no viene al caso. Demasiada teoría para tu gusto que, encima de todo, estás lidiando con tu propia montaña rusa emocional; una en la cual no sabés en qué momento te subiste ni, mucho menos, cómo bajar, pero te tiene dando vueltas por todo tipo de emociones. En un principio predominó el alivio. Cierta tranquilidad al pensar que en algún lugar -al final no entendiste bien en donde- hay otra Vos que lo logró; que logró todo lo que ésta no se animó a hacer (preferirías escribir que no pudiste, pero sabés bien que estarías mintiendo). Después sobrevino la frustración, trayendo el recuerdo de los sueños que supiste tener y no te animaste ni a intentarlo; los diste por perdidos antes de, siquiera, permitirte pensarlos. Uno por uno fueron descartados: “demasiado difícil”, “imposible”, “no me da para tanto”. Eso enseguida te resonó con algo de lo que acababas de escuchar: las suposiciones y expectativas crean tu realidad, te predisponen, te mantienen abierta a todo aquello que coincida con lo que estás esperando que pase, que querés que pase y que creés que realmente puede pasar. Te habitó un rato la nostalgia también. Nostalgia por lo que podría haber sido y no fue; eso que aunque no llegó a ser, se siente como algo perdido. Miembro fantasma. Como si en algún lugar todavía hubieses tenida escondida, agazapada, la esperanza de poder lograrlo, y recién hoy, al hacer esta especie de recuento vital, hayas caído en cuenta que hay ciertos anhelos que ya es hora de soltar.

Terminás tu recorrido con este arrebato de optimismo (que no sabemos de dónde salió pero bienvenido sea), el cual te lleva a pensar que quizás todavía no es tan tarde; quizás todavía algo podés cambiar. Entonces te ponés en acción. Te motivó. Definís tu vida ideal. Sacás cálculos de qué tan lejos estás de esa vida que te hubiese gustado tener, y qué tan lejos de esa persona que te gustaría haber sido. Pensás en maneras de achicar esa distancia, maneras de acercarte a ellas. “¿Que puedo hacer para acercarme a quien quiero ser?”, subrayás. Porque después de todo, si algo te dejó en claro el video, es que saltar (a donde quiera que eso sea) depende sólo de vos.

Y en todo este proceso me dió mucha ternura verte tan entregada a la tarea de querer mejorar -¡Si hasta resaltadores de colores fuiste a buscar!- ; verte descubrir que todavía estás a tiempo, que te rodean un millón de oportunidades a las que solamente falta que les prestes atención, que creas en ellas y, sobre todo, que creas en vos.

Mientras tanto, acá estoy yo esperándote. En la línea superior, en nuestra vida deseada. Agitando mi sombrero violeta y alentándote a seguir intentándolo.

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