Hay obras que nacen con la fuerza de una generación, El Club de los Perfectos, es una de ellas: un musical creado, producido e interpretado por adolescentes que decidieron contar en primera persona lo que significa crecer bajo la presión de “ser perfecto”. Después de conquistar Uruguay con funciones agotadas, el proyecto de la compañía Las Ophelias cruza el río para llegar al Teatro Astros el 27 y 28 de septiembre.
Con humor, música y una sensibilidad que interpela, la obra pone sobre la mesa temas como la salud mental, la identidad, el bullying y la exigencia social. Una propuesta que no solo habla de los adolescentes, sino que está hecha por ellos, con un lenguaje propio y una verdad que conecta directo con el público.
En charla con El Walkman, Lara Berman —directora, escritora y productora ejecutiva de la obra— comparte cómo nació este proyecto, qué significa traerlo a Buenos Aires y qué esperan despertar en cada espectador.

-Traés con vos una obra que nace en Uruguay, creada y protagonizada por adolescentes, y que ahora llega a Argentina con toda esa fuerza y sensibilidad de El Club de los Perfectos. ¿qué historia viene a compartir la obra?
-Sí, la historia habla sobre la perfección y cómo se le exige al adolescente ser perfecto en todos los ámbitos de la vida. Es algo que se encuentra en todas las edades, pero nosotros nos enfocamos en la adolescencia: hablamos desde nuestra experiencia en este momento, contando lo que vivimos, cómo lo vivimos y a qué nos llevan esas presiones.
A veces surge de experiencias propias, otras de amigos o conocidos, pero siempre buscamos reflexionar sobre la imperfección que hay dentro de esa idea de perfección. Se trata de entender que ser imperfecto, en realidad, es perfecto. Todos estamos en este mundo lleno de imperfecciones, porque todos somos imperfectos, y eso es justamente lo que nos hace únicos.
-¿Qué significa para vos y para el grupo que sean adolescentes quienes escriben, producen y actúan?
-Es muy emocionante, porque no es algo que se vea normalmente. Emociona en distintos sentidos. Una gran parte es que nosotros vamos creciendo juntos: ya es el tercer año que hacemos la obra, y es muy lindo ver cómo vamos creciendo a medida que crece también la obra.
La obra va cambiando, cambió un montón desde el estreno. Nuestro conocimiento del mundo se amplía con el tiempo, vivimos nuevas experiencias, sumamos otras perspectivas, y entonces podemos hablar mejor de las cosas.
Lo lindo es que es distinto que un adolescente vaya a ver una obra sobre adolescentes actuada por adultos. Es como cuando ves una serie con personajes adolescentes, pero los actores tienen treinta años. Está buenísimo que exista contenido sobre la adolescencia en cualquier formato, pero es aún más importante que haya contenido hecho por adolescentes. Nuestro lenguaje es único, y si no, a veces se pierde la conexión real con el adolescente. Me parece que ahí está la diferencia.
¿Cómo es vivir el teatro no solo como intérprete sino también como creadora y productora a tan corta edad?
–Es hermoso, me encanta, y cada día me divierto más, pero también es súper desafiante por un montón de razones. Hay muchas cosas que no tuve la oportunidad de aprender en una clase para después aplicarlas; fue más bien lanzarme directo: probar, que las cosas no salgan, y volver a probar una y otra vez. El error me acompañó mucho, y me encanta, porque de eso aprendo y voy ganando experiencia.
Me parece súper importante el trabajo que hacemos desde la creación adolescente, porque eso es lo que hace a la obra, lo que ayuda a conectar y lo que moviliza a la gente. Escuchar que es algo hecho por adolescentes es muy significativo. Contar lo que vivimos, mostrar nuestra perspectiva, es algo que emociona muchísimo.
-¿Cómo nació «El Club de los Perfectos» dentro de Las Ophelias? ¿Cuál fue el primer impulso que los llevó a contar esta historia?
-En mi caso, yo la estaba pasando muy mal en ese momento. Veníamos de salir de la cuarentena, y claro, la cuarentena fue muy dolorosa para mucha gente, pero lo que me parece que no se habló tanto fue de la salud mental al salir de ella. Durante la cuarentena se mencionaba mucho, pero después, con las repercusiones que dejó, casi no se habló.
Yo lo viví desde la adolescencia y las repercusiones en la salud mental fueron enormes. A mí me afectó un montón, la pasé muy mal. Y ahí surgió la pregunta: ¿qué podemos hacer para mejorar esto?. Sentí que había que hablarlo, porque hablar es lo que cambia las cosas. Y qué mejor forma que hacerlo a través del arte, a través de la comedia musical.
Así nació todo: de esa necesidad de hablar, reflexionar y debatir sobre temas que, por alguna razón, muchas veces evitamos.
“Ser imperfecto, en realidad, es perfecto. Todos estamos en este mundo lleno de imperfecciones, porque todos somos imperfectos… y eso es justamente lo que nos hace únicos.”
Lara Berman
-La obra toca temas fuertes: salud mental, identidad, bullying, presión social. ¿Cómo hicieron para tratarlos con responsabilidad sin perder frescura artística?
–La escritura la hicimos junto a Agustín López Olivieri y Nicole Arocena, y gran parte está basada en historias nuestras, de amigos o de conocidos, cosas que veníamos escuchando. Por ejemplo, en la obra se habla de un abuso sexual, que está inspirado en una historia real.
Claro que son todas historias reales, y ahí nos encontramos con la delicadeza del tema: no podés dramatizarlo de más, ni de menos. Hay que encontrar un punto medio, muy finito.
Por eso decidimos traer a gente que realmente supiera más del tema. Durante el proceso nos informamos mucho, investigamos un montón, pero además invitamos a psicólogas para que leyeran la obra. Coincidimos con ellas, hicimos algunos cambios, y así llegamos a ese equilibrio.
Lo bueno es que, como vamos creciendo, siempre hay cosas que se pueden adaptar. Nos encanta estar abiertos a esos cambios, porque vivimos en una sociedad que está en movimiento constante. Nosotros, como adolescentes, lo sentimos así, y que la obra pueda cambiar y adaptarse también a esa sociedad es súper importante.
-Vienen de agotar funciones, recibir premios y hasta remixar canciones con productores internacionales. ¿Cómo fue recibir esa devolución tan grande del público en Uruguay?
Fue espectacular. Siempre lo digo: empezamos planeando hacer solo dos funciones, en un teatro de 126 personas… y nada más. Pero todo fue creciendo. La gente pedía más y más, y para nosotros fue una locura. Yo en ese momento tenía 16 años, y era increíble que nos escribieran una vez por semana, incluso en vacaciones de verano, pidiendo más funciones.
Entonces dijimos: sigamos. Al principio seguimos en ese mismo teatro de 126 butacas, después pasamos al Sodre, primero en la sala más chiquita, luego en otra más grande, y después empezamos a girar por el interior del país. Todo fue súper emocionante, porque cada paso era parte del proceso.
La idea de venir a Buenos Aires siempre estuvo ahí, pero al principio era un desafío enorme: animarse, trabajar duro, darlo todo. Y así fue como llegamos a toda esta magia.
-¿Con qué expectativas llegan al público argentino?
-Sobre todo, como siempre, queremos que la gente salga de la función reflexionando, con una pregunta en la cabeza, algo que invite a la discusión y al debate. Nos encanta cuando nos cuentan que fueron en familia, que después se sentaron a comer y hablaron sobre los temas de la obra.
A veces nos llegan mensajes de padres que dicen: ‘Fui con mis hijos, salimos de la obra y les pregunté si se sentían así, si conocían situaciones como esas’. Y eso es maravilloso, porque genera conversaciones que a veces, por miedo, no tenemos.
Esas charlas son súper importantes y pueden hacer un cambio en la vida de la gente. Porque la realidad es que hablar de las cosas ayuda, y eso es lo que queremos lograr.
Para quienes todavía no vieron la obra, ¿con qué se van a encontrar el próximo 27 y 28 de septiembre en el Astros?
-Se van a encontrar con un musical que tiene todo el lado divertido, es entretenido, pero también invita a la reflexión. Y en mi opinión, marca una diferencia.
Creo que es importante verla no solo para los adolescentes, sino también para los padres, e incluso los abuelos. Para los adolescentes, porque ayuda a darse cuenta de que uno no está solo, de que estamos todos en la misma. Y para los padres, porque son temas que pasan, que pueden pasar, y que hay que tomarlos en serio. Hay que escuchar y estar atentos.
El Club de los Perfectos llega con la frescura de una generación que decidió tomar la palabra y convertirla en teatro. Lo hace con canciones originales, humor y una honestidad que atraviesa la sala para dejar preguntas resonando más allá del escenario.
La cita es el sábado 27 y domingo 28 de septiembre en el Teatro Astros, únicas funciones en Buenos Aires de este fenómeno uruguayo que ya conmovió a miles de espectadores. Una oportunidad para escuchar a los adolescentes en sus propios términos y dejarse interpelar por su mirada, imperfecta y profundamente humana.

El club de los perfectos
Teatro Astros (Av. Corrientes 746 – CABA) – 27 y 28 de septiembre – Entradas acá
Elenco: Agustín López Olivieri, Agustín Sanchez, Federica Pesok, Joaco Fleitas, Juan Manuel Parada, Manuel Corcelet, Paula Elutchanz, Paula Pallas, Santiago Pereyra, Valentina Cheda y Victoria Pérez.
Libro: Agustín López Olivieri, Lara Berman y Nicole Arocena
Dirección: Lara Berman y Nicole Arocena
Composición Musical: Agustín López Olivieri, Gabo Illanes, María Paula Elutchanz, Nico Loustaunau, Paloma Resnik, y Philip Larsen.
Coreografía: Nicole Arocena
Asistentes de Coreografía: Federica Pesok, y Paula Pallas
Arreglos Corales: Agustín Sanchez, Paula Elutchanz, y Paula Pallas
Diseño de Luces: Nicolas Amorin
Asistente de iluminación: Marcelo Guillen
Diseño de Sonido: Juan Lépore
Producción Ejecutiva: Lara Berman
Producción General: Las Ophelias
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