Hay obras que entretienen. Otras que conmueven. Y algunas que, directamente, abren una herida necesaria para que la memoria no se cierre en falso.
Seleccionada como una de las diez mejores obras de 2024 en Londres por The Guardian y celebrada en el Edinburgh Festival Fringe, Rewind llega a Buenos Aires con una propuesta que cruza teatro físico, música en vivo y antropología forense para reconstruir un crimen enterrado por el terrorismo de Estado. En escena, la ciencia dialoga con el cuerpo y la memoria se vuelve materia viva.
La compañía internacional Ephemeral Ensemble —integrada por artistas migrantes de distintos países— transforma testimonios reales en una experiencia escénica intensa que tiende un puente entre las dictaduras latinoamericanas de los años 70 y las violaciones a los derechos humanos del presente.
La llegada a Argentina es posible gracias a Producciones Níspero, en coproducción con la Universidad de Warwick, un cruce internacional que potencia aún más el diálogo entre arte, memoria y territorio. Las funciones serán el 14 y 15 de marzo en el El Galpón de Guevara.
En esta charla con El Walkman, Julieta Kilgelmann, productora de Níspero y pieza clave en la gestión que trajo la obra al país, reflexiona sobre el impacto internacional de Rewind, los desafíos de producir un espectáculo con una temática tan sensible y el lugar del teatro como espacio real de resistencia.

—La obra que fue elegida una de las diez mejores obras de 2024 en Londres. ¿Qué creés que tiene esta obra que logra atravesar contextos culturales tan distintos y seguir interpelando?
—Yo creo que lo importante de Rewind es el grupo humano que la creó. A pesar de que todos viven en Inglaterra, son artistas de distintos lugares: hay gente de Colombia, de Brasil, de Islandia, y si bien hay algunos ingleses, muchos vienen de afuera de la ciudad.
Ser inmigrante en una ciudad tan grande —que te come, básicamente— te transforma la manera de ver las cosas. Yo viví ahí 20 años, así que lo conozco bien; de hecho trabajé con ellos y por eso hoy los traigo a Argentina. Esa experiencia hace que uno no solo traiga lo que vivió como latinoamericano —y hablo sobre todo desde el punto de vista de Ramón Ayres, el director— sino también lo que incorpora de otra cultura.
En Inglaterra hay mucho conocimiento sobre lo que pasa en el mundo. Se escucha, se investiga, convive gente de muchos países, entonces siempre aparece una historia: “ah, en este país también hubo terrorismo de Estado”, “acá también hubo desaparecidos”, “este país está en guerra”. Vivir en una ciudad atravesada por tantas historias de dolor motiva a hablar de eso.
Y desde esa raíz latinoamericana decidieron abordar el tema de la memoria. Lo más maravilloso fue que, investigando, encontraron al Equipo Argentino de Antropología Forense. Y ahí comenzó todo. Ahí empezó la historia.
—La obra cruza teatro físico, antropología forense y música en vivo. Desde tu mirada como productora, ¿Qué fue lo primero que te impactó cuando la viste o cuando decidiste traerla?
—Lo primero fue hablar con Ramón, el director, que me contó cómo nació la obra. Rewind es de 2021 y ya desde el año siguiente empezamos a conversar sobre la posibilidad de traerla. La obra ya estaba en un nivel hermoso, pero con el paso de los años fue transformándose y enriqueciéndose, sobre todo por la experiencia de viajar a distintos lugares.
Cuando Ramón me contó en qué se basaba —en el Equipo Argentino de Antropología Forense y en la historia de los desaparecidos— primero el enfoque era más general, sobre distintos lugares del mundo. Después fueron profundizando en la historia de Latinoamérica.
A mí eso me conmovió profundamente y pensé: esto tiene que venir a Argentina.
Y bueno, varios años después, finalmente pudimos conseguir el financiamiento para hacerlo posible.

—La producción es de Níspero junto a la Universidad de Warwick. ¿Qué desafíos implica coproducir un espectáculo internacional con una temática tan sensible?
— Muchísimos. Pero al mismo tiempo sentimos que hubo una gran apertura. Creo que, por un lado, porque son extranjeros y traen una mirada fresca y distinta; y por otro, por la emoción de que una compañía de Inglaterra esté interesada en hablar de algo que nos toca tan de cerca a los argentinos.
Lo más difícil fue conseguir el dinero para poder traerlos. Desde Argentina era prácticamente imposible; intentamos de varias maneras, pero fue muy complicado. Finalmente, la Universidad de Warwick, con la que ellos trabajan, fue fundamental. Sobre todo gracias a la profesora Alison Ribeiro de Menezes, que los impulsó y logró que obtuvieran el subsidio para poder venir.
Nosotros, encantadísimos, nos ocupamos de toda la gestión local: conseguir espacios donde pudieran actuar y generar redes. Así llegamos al El Galpón de Guevara, que cuando conoció la obra movió todo para hacernos un lugar.
Después empezaron las conversaciones con distintas asociaciones: la Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), el Equipo Argentino de Antropología Forense, y también instituciones en otras ciudades, porque luego vamos a Rosario y Santa Fe. Estamos en contacto con el Museo de la Memoria, con la Universidad Nacional de Rosario, con la Universidad Nacional del Litoral y con el Foro de Derechos Humanos de Santa Fe.
Entonces fue un proceso con dos caras: por un lado, la dificultad económica; por el otro, muchísimo apoyo, amor y ganas de dialogar. Y en un año tan importante, poder hablar de estos temas con una compañía tan talentosa y con una propuesta escénica tan novedosa hace que el intercambio sea todavía más necesario.
No atractivo solo por los dispositivos escénicos, sino porque nos interpela y nos convoca a hablar de lo que pasó y de lo que está pasando.
—¿Sentís que el teatro sigue siendo un espacio de resistencia real frente a los autoritarismos?
—Absolutamente. Estoy convencida de que sí. Creo que el teatro, como muchas artes, es un agente de transgresión, de revolución y de resistencia.
Así como es maravilloso que existan espectáculos donde uno pueda reírse y distenderse, también es fundamental que haya obras donde podamos reflexionar, tomar conciencia de lo que está pasando, de lo que pasó y de qué podemos hacer.
Y eso es justamente lo que propone Ephemeral Ensemble: el teatro como resistencia, el teatro como un espacio para que no se pierda la memoria de lo que ocurrió.
—Es una obra de 65 minutos pero muy intensa. ¿Qué tipo de experiencia creés que se va a llevar el espectador que entre a El Galpón de Guevara?
—Creo que el público va a sentirse impactado, emocionado, sorprendido. Hay una magia muy particular que ellos crean en el escenario como compañía, porque son un grupo hermoso y muy generoso, y eso se percibe.
Es una experiencia intensa, pero también profundamente humana. Y estoy segura de que esa energía y esa entrega se van a sentir en la sala.
—¿Qué te gustaría que pase en el público argentino después de la función?
—Lo más importante es que se genere el diálogo. Y hablo desde las palabras de Ramón: para ellos, eso es lo más valioso que puede lograr el arte.
Después de cada función vamos a abrir un espacio de charla con el público, algo que la compañía viene haciendo desde hace años. Nos parece fundamental que exista ese momento para que la gente pueda expresar lo que sintió, compartir experiencias e incluso contar sus propias historias.
Estamos muy agradecidos con el Equipo Argentino de Antropología Forense, que además nos va a recibir en el museo para intercambiar miradas y profundizar el vínculo.
La obra tiene muy pocas palabras —y estarán en español— porque es, sobre todo, teatro físico, un lenguaje universal que permite que incluso alguien que nunca vio este tipo de propuesta pueda conectarse.
Y después habrá quienes necesiten poner en palabras lo que vivieron. Por eso abrimos ese espacio. Porque el objetivo no es solo emocionar, sino crear conversación.
—¿Qué creés que la gente se pierde si no asiste a estas funciones que vienen ahora?
—Creo que se perdería una emoción muy profunda, una oportunidad de vivir el trabajo de gente que hace cosas espectaculares.
Fue muchísimo el esfuerzo para poder traerlos a Argentina, y me parece que es una experiencia que realmente vale la pena atravesar.
En tiempos donde la memoria vuelve a ponerse en discusión, Rewind no llega a Buenos Aires como una obra más dentro de la cartelera. Llega como un gesto artístico que incomoda, emociona y abre conversación.
El cruce entre ciencia y escena, entre cuerpo y archivo, entre pasado y presente, convierte cada función en algo más que una experiencia teatral: la transforma en un acto colectivo de reflexión. Y en un contexto donde hablar de derechos humanos sigue siendo urgente, que una compañía internacional ponga el foco en nuestra historia no es un dato menor.
Durante 65 minutos, el escenario del El Galpón de Guevara será territorio de memoria viva. Después, la palabra quedará en el público.
Porque si algo deja claro esta obra es que el teatro todavía puede ser —y debe ser— un espacio de resistencia real. Y ese diálogo recién empieza.

📅 Sábado 14 de marzo – 19:30 h
📅 Domingo 15 de marzo – 16:00 h
📍 El Galpón de Guevara – Guevara 326, CABA
🎟 Entradas: $20.000
🎫 A la venta en Alternativa Teatral
Si esta charla te dejó pensando, quizás sea porque Rewind trabaja ahí donde el arte todavía se anima a incomodar y a abrir preguntas necesarias. En El Walkman seguimos de cerca esas obras, artistas y proyectos que ponen el cuerpo para que la memoria siga en movimiento. Si querés acompañar este recorrido y recibir nuestras notas apenas se publican, podés suscribirte gratis a la revista dejando tu mail. La conversación —como la memoria— se sostiene mejor cuando es en comunidad.
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