Mariú Fernández, tras los sold out de «Yo no soy Amy»: “Que la que la gente elija venir a vernos y venir a decir “sos mi plan de esta noche” para mí es maravilloso»

Mariú Fernández ya tenía un recorrido sólido dentro del teatro musical —como cantante, actriz y bailarina— cuando decidió empezar a crear sus propios espectáculos. En esa búsqueda apareció la voz de Amy Winehouse. Primero fue Amy, el tributo, un recorrido por las canciones que reflejaban la etapa más luminosa de la obra de Winehouse. En 2016, esa búsqueda creció y tomó forma de obra de teatro con Yo no soy Amy, con libro de Osvaldo Bazán y dirección de Dennis Smith. Ya no se trataba solo de interpretar canciones: era pararse frente a ese universo enorme y construir una propuesta con identidad propia.

Con el paso del tiempo, ese proyecto fue mutando. Dejó de ser sencillamente un tributo y se transformó en Amy and Classics. Más adelante dio un paso más y pasó a llamarse Amy, Classics & Me. Ese “Me” no fue un detalle menor: fue el momento en que empezaron a aparecer sus propias canciones, la decisión de integrar su voz autoral dentro del recorrido que había comenzado interpretando a otra artista.

Diez años después, Mariú regresó con Yo no soy Amy. Pero este espectáculo que vuelve no es el mismo que se fue: regresa habiendo atravesado todo ese camino, con la experiencia, el crecimiento y una identidad que ya no necesita esconderse detrás de un homenaje. En esta entrevista volvemos sobre ese recorrido: el momento en que una voz deja de habitar a otra y empieza a afirmarse con voz la propia.


—Cuando estrenaste «Yo no soy Amy» en la sala Maipo Kabaret, venías de haber hecho «Amy, el tributo«. Me gustaría preguntarte ¿Qué necesitabas que cambiara para que ese proyecto dejara de ser solamente un recorrido por las canciones más luminosas y se convirtiera en una obra de teatro con identidad propia?

—Bueno, yo arranqué a hacer un homenaje a Amy Winehouse porque es una artista que me atravesó con su música y empecé a escucharla, a investigar un poco más sobre ella, porque yo me llevé la sorpresa de que no era nada de lo que había imaginado. No era ni grande, ni negra ni robusta. Simplemente yo me había hecho esa imagen de solo escucharla, con sus letras poderosas, su voz tan cargada de matices. Arranqué por la música, que es por donde ella me llegó y después, por donde yo seguí. Entonces no quería que este homenaje sea simplemente cantar sus canciones, que amo y me encantan, sino ahondar un poco más en ella como artista, como persona, desde lo que se pudiese saber, por supuesto.

Y ahí es donde yo me reuní con Osvaldo Bazán y le conté esta idea y nos pusimos a trabajar. Tuvimos muchos encuentros hasta que él tuvo esta idea maravillosa: el relato de que una artista, una cantante, siente que es poseída por otra cantante el día que falleció y llevarlo al extremo, ¿no?

Como esta cantante Mariú, -que podría ser Mariú o cualquier otra, acá nos agarramos a mí porque soy yo la que está contando este cuento – Mariú completamente exagerada y exacerbada para que funcione en la ficción, usando las diferencias y las similitudes. De ahí surge Yo no soy Amy, para contar un poco más de la vida de esta artista, que me interesaba desde lo personal y también desde lo profesional, porque era encararla como actriz y lejos de la imitación, porque cada actriz lo va a interpretar desde su lugar.

—Con el paso del tiempo, ese universo que construiste alrededor de Amy fue mutando: pasamos de Amy, el tributo a Amy and Classics y, en la actualidad, a Amy, Classics & Me. En el medio de todo ese recorrido empezaste a escribir tus propias canciones e inauguraste tu faceta de cantautora. ¿Cómo impactó todo ese camino en esta versión 2026 de Yo no soy Amy?

—Bueno, a mí me encanta la música de Amy, me encanta cantar sus canciones, me encanta interpretarla y que siga sonando esa música maravillosa que ella tiene. Pero como toda artista necesité —o surgió la búsqueda en mí— de ir arrancando, investigando y buscando un caminito propio, con todo lo que había podido absorber de otros artistas. En este caso de Amy, que fue mi mayor influencia. Fue la artista por la que yo siento el deseo de ponerme al frente de una banda y cantar, y más tarde interpretar a otros artistas, que en realidad es lo que yo vengo haciendo porque vengo del teatro musical, donde uno interpreta distintos roles, distintos personajes. Por eso, como te decía, cada actriz lo va a interpretar desde su lugar.

Acá también las canciones se interpretan desde un lugar, pero también tenía ganas de contar cómo yo veo el mundo, cómo yo veo los vínculos. Y por supuesto que se implica quedar mucho más vulnerable frente a todo. Pero, como te decía al principio, siento que esa es la búsqueda, la inquietud que imagino siente todo artista en ir desarrollando y buscando su propio camino. Y si bien en el 2016 Osvaldo (Bazán) me había propuesto escribir un tema para la obra —un tema propio—, en ese momento yo no me sentía preparada como para hacerlo. Pero del 2016 acá pasaron 10 años, pasó toda una vida. Yo fui mamá en el medio, me puse a hacer mis propias canciones, tuve esa posibilidad, tuve la posibilidad de hacer cine, tuve la posibilidad de meterme en otros ámbitos. Y dentro de toda esa búsqueda surgieron mis propias composiciones, mis propias letras. Por supuesto que siempre estuve acompañada por grandes productores musicales: en un principio arranqué con Mariano Otero y ahora estoy trabajando con Mati Méndez, que es un manija, y yo también lo soy. Entonces el camino se siente mucho más… no sé, yo siento que es un camino muy vertiginoso el de hacer lo propio, pero a la vez muy feliz. Porque salir y cantar tus canciones da vértigo, pero también es muy hermoso. Y el día que escuchás del otro lado —aunque sea— que pudiste tocar a una persona con lo que vos estás haciendo, es mágico. Imagino que algo así como lo que me pasó a mí escuchando tantos artistas, o a Amy incluso. 

-Después de habitar durante tanto tiempo el universo de Amy, ¿hay algo que hayas descubierto sobre tu propia identidad artística que quizá no hubieras encontrado si hubieras empezado directamente a montar tus propios shows como cantautora?

—Primero uno siempre arranca interpretando a otros, creo, o al menos en mi caso. Y siento que eso me dio la posibilidad de escuchar o de entender qué era lo que me gustaba, y también lo que no me gustaba, y buscar mi propio camino, que no es fácil. Porque encontrar la identidad musical lleva mucho tiempo, porque querés hacer tu propia búsqueda, encontrar tu propio lenguaje, decir: sí, ojalá que toda esta música espectacular que escuché en algún lugar me haya influenciado. Pero por supuesto que lo que termina saliendo es muy personal, porque si no seríamos maquinitas que estaríamos diseñadas para decir: «yo ahora quiero hacer temas del mejor soul», «yo ahora quiero ser más rockera» yo ahora quiero… y no creo que las melodías, cuando te bajan y tratás de escuchar esa melodía que vos elegís o que te resuena y desarrollarla, y a eso ponerle parte de tu propia almita… por eso digo que creo que quedás vulnerable.

—Esta nueva versión de Yo no soy Amy suma otra dirección, más teatralidad y una big band en escena. ¿Qué cambia en tu forma de estar en escena hoy, no solamente en la parte musical sino en la manera de contar esta historia?

—Bueno, ante todo, la primera versión la dirigió Dennis Smith, quien es hoy mi coach actoral. Estuve ensayando bastante tiempo con él, sobre todo en las previas, para después llegar más listita a las órdenes de Juanjo Marco, que es quien hoy está haciendo la dirección, coreografías y puesta general. Es un laburazo el que se montó al hombro y siento que, con un camino, una guía espectacular, estamos sumando desde todos lados para hacer algo hermoso. El mundito, la mirada que está construyendo Juanjo es muy hermosa y está montada sobre las bases de algo muy hermoso que ya veníamos construyendo, pero por supuesto que el hecho de tener otra mirada lo renueva completamente.

El hecho de que el texto esté modificado también lo renueva. El hecho de tener dos compañeros espectaculares como Adri Scaramela y Alejo Caride también lo renueva, porque son dos miradas distintas. Tener una big band, que la lidera Nico Radicchi —quien lidera mi proyecto solista también—, nos hace estar mucho más aceitados desde lo musical porque nosotros venimos tocando juntos hace muchos años. La banda, todos y cada uno, son espectaculares. Y yo también soy otra, porque pasaron diez años, tengo otra vida, otras experiencias y siento que todo suma a lo que es uno, por supuesto, primero como persona y después te suma como artista.


—Dentro de esta nueva apuesta aparece una canción compuesta por vos especialmente para la obra, que significa que dentro de «Yo no soy Amy» hoy también suene tu propia voz como cantautora.

¡Puf! Un desafío impresionante. Primero porque, como te contaba yo, Amy es una artista que admiro profundamente y todas sus canciones son espectaculares, todas son hits. De hecho, cuando la armamos no sabíamos qué canción dejar afuera porque no queríamos dejar afuera ninguna —por supuesto que no se podía—, entonces tratamos de elegir las que tenían que ver con contar el cuento. Y son todas emblemáticas y son todos hits, y por supuesto que intentar ponerte a la altura es un trabajo muy arduo. Pero estoy siempre dispuesta al desafío y a trabajar por eso, y siento que el laburo que hicimos —como te decía— con Mati Méndez, que es mi productor musical, con Lali Ferreirós, que es mi coach vocal y canta increíble y le metió unos coros tremendos… y mi inspiración para escribir la letra concretamente fue Amy. De hecho, esta canción que escribí se llama «Amy». Es todo un homenaje lleno de amor.



—Me gustaría que hablemos de las primeras dos funciones, que fueron un sold out absoluto. ¿Cómo las viviste? ¿Qué sentís con esta gran respuesta del público? ¿Y cómo te preparás para las nuevas funciones de marzo?

—Bueno, la realidad es que yo no sabía qué iba a suceder. Para mí es un proyecto muy especial: lo fue en su momento y lo es ahora para todos los que volvieron a decir sí, vuelvo a estar. Contamos con casi todo el mismo equipo creativo. Osvaldo. Juanjo, que en su momento hizo las coreografías y ahora hace la dirección. Dennis, que si bien ahora no está dirigiendo, estuvo coachándome a mí desde Madrid. Adri Scaramela, que si bien no fue parte de Yo no soy Amy, sí de los comienzos: él estuvo viviendo mucho tiempo en Madrid y ahora está acá y es parte de esto. Nico, con quien comparto música desde hace más de 10 años.

Que todos volvamos a estar arriba del mismo barco y tirando para adelante este proyecto para mí es una cosa hermosa que me llena de alegría. Y siento que haber dicho: «dale, hagámoslo; dale, sumemos un tema mío; dale, que se reescriba el libro; dale, volvamos a empezar —no sé si de cero, pero sí revisemos todo de cero—, modifiquemos todo lo que haya que modificar, redoblemos la apuesta, que lo que contamos ahora tenga capas más profundas» Todo eso es un desafío impresionante. Y en su momento el público nos acompañó mucho. Yo siempre estoy muy agradecida porque es maravilloso y era tirarnos a la pileta y ver qué sucedía.

Estamos pasando un momento bastante particular y que la gente elija venir a vernos y venir a decir “sos mi plan de esta noche” para mí es maravilloso. Haber estrenado con un sold out es impensado, maravilloso y por lo que voy a agradecerlo todas las veces. Y que la segunda función también haya sido sold out es como… ¡ay, qué felicidad!

Y cómo me preparo para las funciones de marzo: ni un poquito menos, dándole todo y, sobre todo, intentando disfrutar. Yo soy una artista independiente que aprendí —y sigo aprendiendo— a hacer un montón de cosas, y ponerse un proyecto tan grande así al hombro solo es posible porque cuento también con un equipo maravilloso y porque todos tenemos ganas de seguir. Así que ojalá tengamos muchos más martes a las 20 hs en Bebop Club.


«Estamos pasando un momento bastante particular y que la gente elija venir a vernos y venir a decir ‘sos mi plan de esta noche’ para mí es maravilloso«

Mariú Fernández tras agotar las primeras funciones de Yo no soy Amy en Bebop Club

—Cuando esta etapa en Bebop termine, ¿sentís que algo se cierra o más bien es una energía que va a quedar moviéndose y empujando hacia otro lugar? ¿Qué intuís que se activa después de volver a atravesar un material como Yo no soy Amy?

—Bueno, yo intuía que esto se había cerrado. Por eso es que, más allá de que tuve la oportunidad de volver a hacerlo no sentía antes que teníamos que volver y sí lo sentí ahora, 10 años después. Y me dejé atravesar por la sensación y ver qué era lo que me sucedía. Y 10 años después me sigue conmoviendo y atravesando de la misma manera, o quizá más aún, porque hay un montón de cosas que pude transitar y antes no lo había hecho. Y lo que no es menor —como te había mencionado antes— es tener la gloria de que en el equipo haya amigos. Siempre es hermoso trabajar de lo que uno ama hacer, pero si encima de eso le podés sumar que en el proyecto contás con amigos, es emocionante, es precioso.

Yo quisiera que esto dure lo que tenga que durar, pero Amy va a quedar tatuada en mi corazón siempre. Y yo cantaré sus canciones siempre. Tal vez no siempre haga Yo no soy Amy, pero sí siempre voy a seguir cantando sus canciones. Le estoy agradecida de por vida: haberme modificado, haberme transformado en la manera de escuchar la música. Ella es inspiradora, creo que para mí y para un montón de artistas. Pero bueno, hoy hablando por mí, esto es lo que a mí me deja: como que me queda tatuada para siempre.


Yo no soy Amy regresó a escena en Bebop Club, con funciones el 24 de febrero y el 3 y 10 de marzo a las 20 hs. Una obra que regresa transformada, como todo lo que vale la pena volver a mirar: con otra dirección, más teatralidad, una big band en escena y la voz de Mariú Fernández que, tras diez años, sigue explorando su propio camino. Esta versión muestra lo que cambia y lo que permanece, y cómo la música puede ser un territorio para la vulnerabilidad, la memoria y la identidad.

Si esta entrevista te acompañó, quedate a descubrir más obras, artistas y relatos que se animan a decir desde un lugar sensible, vivo y honesto. En El Walkman creemos en la cultura que se construye con cuerpo, escucha y comunidad. Podés suscribirte gratis a la revista dejando tu mail: así vas a recibir nuestras notas ni bien se publican directamente en tu bandeja de entrada.

Y si querés —y podés— invitarnos un Cafecito. Cada aporte nos permite seguir escribiendo y sostener este proyecto independiente. El Walkman crece a partir de pequeños gestos como el tuyo que empiezan con un click.

Deja un comentario

Sitio web creado por WordPress.com.

Subir ↑