Un clásico ruso con acento criollo en Teatro Azul: «Experiencia Chéjov» «Tres obras, un mismo delirio»

Entre enredos, caprichos y egos desbordados, los personajes de Antón Chéjov vuelven a cobrar vida en una propuesta que no se parece a ninguna otra. Experiencia Chéjov reúne en un mismo escenario tres piezas breves del autor ruso —“El Oso”, “El Aniversario” y “Pedido de Mano”— y las sacude con humor absurdo, energía criolla y una dosis de meta-teatralidad que rompe cualquier formalidad. Lo que en un principio nació como una muestra de taller, hoy se transformó en una obra con identidad propia bajo la dirección de Matías Serrano, capáz de mantener al público en vilo entre carcajadas y asombro.

En esta charla con Valentina Jazmín Rueda y Lucas Salvador D’Orazio, dos de sus protagonistas, hablamos sobre la evolución del proyecto, el desafío de habitar personajes tan extremos y la complicidad de un elenco que late como un verdadero equipo.


En escena: de izquierda a derecha: Camila Granara, Sabri Del Pozo, Lucas Salvador D’Orazio y Fernando Colom – Imagen cortesía Valentina Rueda.

Tres obras, una experiencia: así es Experiencia Chéjov

Lucas: Es una propuesta diferente al clásico de las obras de Chéjov. Son tres en total: El Oso, El Aniversario y El Pedido de Mano, pero con una pizca de “vivencia criolla” o de esa cosa cómica nuestra. Está ambientado en el espacio ruso, pero la propuesta está llevada a vivirlo mucho más de cerca, con un realismo argentino en cuanto a los modismos y un par de cosas más.

Una propuesta muy linda y divertida, llevada a la comedia también. En los tres casos, escala de a poco y lleva a una gran comedia.

Valentina: Sí, a mí me parece que es una propuesta que está buenísima, primero por la espacialidad, por cómo se entrelazan estas tres obras cortas de Chéjov, y también por lo que tratan.
Tomando esto que decía Lucas, tratamos de bajar un poco a lo criollo para no hacerlo en el full ruso que es la obra, pero siento que los temas que tratan, más allá de si se abarca desde la originalidad del texto o desde la adaptación que nosotros hacemos, son las emociones y sentimientos primitivos humanos.

Hay emociones y sentimientos súper primitivos, como lo es el deseo, la calentura, el querer tener la razón, sentir estrés, cansancio, enojo, las dolencias físicas, el capricho. Todo eso, Chéjov lo que hace es explotarlo al máximo, y bueno, es lo más fiel que queremos tener de esa esencia de él en la obra, porque son emociones básicas, humanas, llevadas al extremo. A un extremo que llega a niveles inalcanzables.

Todo está en esta experiencia, y explotado al 100%.


Lucas: La propuesta de Experiencia Chéjov nació del taller de investigación y montaje, que es el equipo teatral TIM. La crearon en el año 2023 como propuesta hacia los alumnos de ese año, para salir a hacer muestras en ese fin de año.

Los directores, Matías Serrano y Nicolás Quaglini, hicieron los guiones y las primeras adaptaciones para poder hacer esta propuesta en una muestra. Comenzó siendo eso, y en un primer momento no había tanto entrelazamiento en la trama, sino que era todo más lineal. Pasaba una historia, luego otra que se frenaba para dar paso a la siguiente, y después los tres finales.

Entonces, la primera propuesta fue así, no era tan dinámica, fue como más muestra con la adaptación. Lo que sí siempre se buscó lograr es esto que mencioné y comentó Valen también: la exageración o el desbordamiento de emociones, que sí estuvo desde el primer momento. Esa energía se sostuvo desde siempre.


En escena: Lucas Salvador D’Orazio – Imagen cortesía Valentina Rueda.

Del taller a la escena: la evolución de Experiencia Chéjov

Lucas: Desde lo que es la obra en sí, cambió mucho. Tuvimos también una función que dimos en Casa de Cultura en Ramos Mejía, tuvimos un mes y medio para prepararla, y eso nos sirvió para hacer los ajustes y transformar Experiencia Chéjov de muestra a una obra como tal.

En ese ajuste vi realmente los cambios: se recortaron cosas puntuales del guion y se empezaron a entrelazar otras. Desde ahí se realizó el primer proyecto concreto de lo que se vio después y ahora que está lanzada como obra. Entonces, ahí viví esa mutación de una muestra a una obra de verdad, con 200 personas, en Casa de Cultura de Ramos Mejía.

Fue una experiencia impresionante y como actor, para mí fue algo hermoso. Hubo una felicidad inexplicable por ese tipo de cosas. Y en cuanto a protagonizar, a hacer mi personaje que es Andreii Shipuchin, director del banco, fue sutilmente evolucionando a esto que se ve hoy en día.

Fue cambiando porque también hubo cambios de elenco, pero siempre manteniendo la esencia de lo que el personaje quiere. Entonces, a mí no me costó mucho volver a eso. Es algo que disfruto mucho.


En escena: Valentina Jazmín Rueda – Imagen cortesía Valentina Rueda.

Valentina: Sí, yo entré este año. En la temporada del año pasado que hicieron, estuve como asistente de dirección. Y la primera vez que la presentaron la fui a ver, entonces ya tenía un pequeño acercamiento a lo que era este mundo.

Pero sí, este año ya se ha encarado de una forma, como en otro nivel, bastante más profesional, lo cual me parecía hermoso. Y sí, fue un proceso quizás un poco más veloz, por el hecho de que los otros ya venían con otro laburo hecho. Pero fue hermoso poder sumarme a este mundillo que propone Experiencia Chéjov.

Yo empecé encarándolo al personaje más desde la idea que yo tenía de él. Pero bueno, hubo ahí un laburo súper importante con la escena en la que yo estoy particularmente, que es El Oso, ya que la única persona que quedaba del elenco original era el que hace el personaje del oso justamente, que es Fernando Colom. A él se le sumaron dos compañeras completamente nuevas, entonces la escena se renovó, se puso fresca nuevamente.

Inevitablemente, cuando hay nuevos actores o actrices, se renueva la energía. Y fue un proceso hermoso. Realmente fue muy lindo abarcarlo a Chéjov, que siempre lo tenía leído y no había interpretado nunca un personaje de él. Fue súper interesante poder encararlo desde el lugar de la viuda, que es un personaje que me encanta.



Los personajes: reflejos y contrastes

Valentina: El personaje de la viuda es Elena Popova. Es una mujer joven, yo la estimo a unos 28, 29 años, que por mandato social se tuvo que casar con un hombre viejo y enviudó.

Es una mujer que quiere seguir lo que la sociedad le impone, que es que tiene que ser una viuda con solemnidad, tiene que guardarle luto a su marido hasta la muerte. Pero en realidad ella no quiere eso.

Ella se ve joven, se ve linda, se ve sexy, quiere salir al mundo, pero hay un mandato que tiene muy fuerte en la cabeza que es lo que tiene que hacer. Y ahí es donde entra en acción Luka, que la interpreta Candela González, el personaje de su ama de llaves.

Luka, para mí, es como su otra voz de la conciencia, que la incentiva a salir, que le dice: “Vamos, salí, tenés que hacer esto”. Ella también quiere hacer eso, pero está también muy arraigada a este mandato social o lo que hace todo el mundo, que es lo que ella tiene que hacer.

Juega un poco, varía entre esas dos energías, que es como: “tengo que hacer esto, pero me veo súper sexy haciéndolo”. Me sentí cercana con que es bastante testaruda y cabezadura, y yo soy muy así. –Risas–. Es muy caprichosa también.

Quizás ahí me conecté un poco más con mi yo infantil. Y sí, me sentía quizás un poco alejada con esto de “tengo que llevar un luto, soy una viuda, tengo que seguir esto”. Eso por ahí fue un poco más un desafío, de cómo encarar un luto, cómo se encara ser una viuda de esa época.

Pero también, como tiene esto jovial, me fue bastante didáctico poder llegarle a ella. Fue muy divertido, fue un proceso súper dinámico, no fue para nada rebuscado o tedioso.


Lucas: Andreii Andrevich Shipuchin es el presidente de la institución bancaria que se encuentra de aniversario justo ese día, el día de la obra, el día donde suceden los hechos.

Es una persona muy, muy egocéntrica, con un gran ego. Tiene también una esposa y empleados, de los cuales no le importa realmente mucho su estado. Es una persona que está muy preocupada por cómo se ven las cosas, por cómo se ve él, cómo se ve todo.

Y básicamente es llevado a un extremo en donde hasta rompe la cuarta pared en alguna que otra ocasión como para: “Estar en mi sintonía”, dice el personaje. Eso es algo que originalmente estaba en la muestra y quedó en la versión final, y me gustó un montón.

Respecto a esto, digamos, es un personaje que el ego es la parte más poderosa que tiene y lo muestra hasta en cómo se viste. Llama la atención hasta desde ese lugar.

Entonces, ser Andreii Andrevich es llamar la atención y lo disfruto. Ahora, desde el lado constructivo de cómo lo viví yo, me he inspirado en algunas cuestiones que he visto desde mi lado más laboral quizás. He visto a alguno que otro jefe con comportamientos narcisistas que me han llevado a darme cuenta de que esa era la vía para hacer entender al otro que es un, perdón la expresión, un jefe hijo de p***.

O sea, un mal jefe. Entonces es como: por más que tenga toda la buena onda, te está torturando. Eso lo llevé a Schipuchin y es la parte que me costó un montón.

Al principio, en la parte inicial decía: “¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué miro al público y digo esto?”. Pero después dije: no, está bien. Este tipo lo siente así y lo empecé a sentir así. Voy a implementar esto que es “jefe de mierda”. Y ahí dije: “Va, podés por acá, es ahí”.



La mirada de Matías Serrano y el trabajo en equipo.

Valentina: A mí me gusta mucho de la dirección de Mati que es el tipo de director que te tira como una arista. Te tira un hueso y a ver vos qué traés. Le traés una vaca, le traés un perro. A ver qué hacés con eso.

Me ha tocado trabajar con directoras o con directores que te dicen: “Bueno, acá vas a hacer esta acción, vas a hacer esto, vas a poner el brazo así”. Y Mati no. A mí me pasó particularmente que, obviamente, yo entré bastante más verde al proceso de montaje y tenía mucha inseguridad.

Pero llevé mi propuesta y él, con dos o tres conceptos que me dio, ya me abrió el imaginario un montón. Y lo que está bueno es eso: que toma la propuesta del actor o actriz y te deja jugar con eso.

Obviamente, hay cuestiones escénicas de espacialidad, de cómo ocupás este espacio acá, que él las marca, pero después te deja, te da esa libertad para que vos puedas jugar.

Me acuerdo que me dio el concepto de: “La viuda esta está todo el tiempo como en una vidriera”, como que todo el tiempo se quiere mostrar. Y eso a mí me abrió mucho juego y mucha imaginación, y él tomó todo eso que yo propuse.

La verdad que, como actriz, personalmente me parece genial porque resultan más orgánicas las cosas que uno va construyendo y cómodas al criterio de uno. Así que eso para mí es fundamental y está muy bueno tenerlo como director.

Lucas: Somos un equipo, es toda una unidad que venimos laburando hace años y, obviamente, hay mucho afecto. Matías es un tipo que te plantea desafíos, que te plantea retos, y cuando ve que vos los sorteás con tu energía, con tu propuesta, te da el lugar.

En mi caso, él me ha dejado cosas que me permitieron cargar al personaje y, cuando había que marcar, marcaba y hay que responderle.

En cuanto a eso, es un lugar muy lindo, muy cómodo. También a veces puede ser incómodo, porque al principio lo fue. Al principio, llegar a adaptar esto en escena fue incómodo, pero después se volvió cómodo porque ya uno tiene la mecánica del laburo. Entonces, es un tipo permisivo, un tipo que te da espacios y te pone retos, te pone desafíos. Siempre eso está muy bueno.

Valen: En cuanto al elenco, la verdad que es un grupo humano muy lindo, realmente. En el mundo actoral te podés encontrar con elencos muy terribles y, más allá de que podemos tener nuestras diferencias porque somos todos personas distintas, es un grupo humano hermoso.

No hay esa cuestión egocéntrica de: “Yo quiero salir más en esto”, sino que es como entender que cuando yo estoy en silencio el otro destaca y eso hace que yo después destaque también. Eso creo que todo el elenco lo tiene muy en claro.

Las escenas son súper fuertes las tres, y gracias a que esta sucede de esta manera, esta se potencia de esta manera, y el hecho de que estas dos terminen primero hace que el final de la escena de El Aniversario explote como explota. Yo siento de verdad que la gran mayoría estaríamos de acuerdo con que nos retroalimentamos.

Lucas: Sí, es eso. Somos un equipo, hay mucho afecto, nos ayudamos entre todos y eso se ve luego en el escenario.



El público habla: diversión asegurada.

Valentina: Nosotros grabamos dos funciones y yo, la verdad, disfruto muchísimo el final de El Aniversario, lo disfruto mucho. Y una de las razones es por nuestro compañero Sebastián Alonso, que hace el personaje de Kusma, que está todo el tiempo en escena.

Es impresionante el trabajo de Seba porque va acumulando y va recibiendo durante toda la obra algo de tensión de todos, y eso hace que explote en el final junto con el personaje de la vieja Natasha Ferodona Merchutkina, que lo hace Ana Monti. Es increíble también cómo va atravesando todas las escenas y cómo llega a la última a hincharle las pelotas a más no poder a todos esos personajes.

Lucas: Totalmente, coincido con lo del final, que es algo que sabés que ya la gente se va a asustar, sorprender. Pasa de todo, hay mucha risa, mucha sorpresa.

A mí me pasa que disfruto un montón la escalada hacia arriba, ese momento donde todo empieza a subir. Ahí es como que va a estallar todo. Hay momentos de la obra en la que ya la gente empieza a reírse de todo. Comienza a partir de la segunda mitad: es cuando ya empiezan a cerrar las historias y ahí ya están tentados por todo.

Valentina: Sí, también porque la gente ya empieza a entender el código. Como que en principio la gente está un poco más tímida, es como: “Uy, ¿me puedo reír?”. Pero después la misma obra los lleva a relajarse y disfrutar de las situaciones.


Valentina: La gente siento que se va súper satisfecha porque es una obra íntegra. Si hay una parte en la que te colgaste, enseguida viene otra que te despierta, hace que estés acá, presente como espectador, atento al aquí y ahora. La gente disfruta mucho el ir hacia arriba, como mencionaba Lucas, ir escalando, y lo impredecible también que es por momentos. Porque, para el que no lo vio nunca, es como: ¿Qué más va a pasar?

De repente, este se murió, este se cayó así, otro salió con unas pistolas, está re loco, va a matar a este, va a hacer esto. Siento que el efecto sorpresa de: “Uy, pasa esto y pasa lo otro”, te hace estar todo el tiempo atento y eso, para mí, como espectadora en otras obras que vi, es súper lindo.

Porque te vas un poco agotado, como si una ola te pasara por arriba. Y es gracias a esto, al estar presente y constantemente atento, que hoy en día es un montón estar una hora y cuarto atento a algo, sin mirar el celu o lo que sea.


Lucas: Con una obra íntegra que tiene una propuesta muy hermosa y que, la verdad, van a pasar un muy buen momento. Es para pasarla bien y es una linda inversión de fin de semana, realmente es así.

Valentina: Es una obra hermosa, es hasta familiar, te diría, porque sí, hay partes que por ahí son un poquitín subidas de tono, pero arriba de 10 o 11 años pueden venir a verla y se van a reír igual. Y sí, ahora que estamos los sábados, es un planazo para mí porque vas, ves la obra, salís, comés algo y pasás un buen fin de semana.


Experiencia Chéjov es risa, sorpresa y desborde. Una cita con personajes que parecen sacados de otra época pero que nos hablan en presente, con la frescura y el ingenio de un elenco que no se guarda nada.

Cada función es una invitación a redescubrir lo humano en su costado más exagerado y absurdo. Y eso es justamente lo que pasa cada sábado en el Teatro Azul.

Si todavía no viviste esta experiencia, la puerta está abierta: una hora y cuarto de emociones al extremo, carcajadas inevitables y esa complicidad única que solo el teatro puede regalar.

No te pierdas las últimas funciones los sábados de septiembre a las 22:30 hs en el Teatro Azul. Entradas disponibles en Alternativateatral.com


🎭 Experiencia Chéjov

📍 Teatro Azul (Av. Corrientes 5965, CABA)

Temporada 2025 – Funciones Sábados 22:30 hs Entradas Acá

Dramaturgia: Antón Chéjov

Adaptación: Nicolás H. Quaglini, Matías Serrano

Actúan: Sebastián Alonso, Fernando Colom, sabri del pozo, Salva Despertar, Marcela Fontana, Candela Gonzalez, Camila Granara, Ani Monti, Nicolás H. Quaglini, Valentina J. Rueda

Diseño De Iluminación: Matías Serrano

Diseño gráfico: Nicolás H. Quaglini

Producción: Tim Compañía Teatral

Dirección: Matías Serrano


El Walkman creemos que el teatro es un viaje por las emociones humanas llevadas al límite. Experiencia Chéjov abre esa puerta con risas, sorpresas y personajes que parecen cobrar vida en cada escena. Si te gusta acompañar estas historias, suscribite a la revista. Y si querés, invitanos un cafecito: cada gesto suma para que sigamos contándote lo que pasa arriba —y detrás— del escenario.

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