Segunda Princesa: el mar no absuelve, pero escucha

Hay relatos que no empiezan cuando alguien habla, sino cuando ya no puede callar. Segunda Princesa ocurre ahí: en ese punto donde la palabra no busca justificarse, sino existir.

Segunda Princesa, el unipersonal escrito, dirigido e interpretado por Alejandro Schiappacasse, se despide hoy del Teatro Picadero con una propuesta difícil de encasillar. Hay drama, hay humor negro y también hay un pulso trágico que atraviesa el relato de un hombre que está contando su historia, porque en este universo declarar no es solo responder preguntas: también es una forma de respirar.


Julito (Alejandro Schiappacasse) es pescador embarcado – o mejor dicho fue – porque ahora está detenido y reconstruye un interrogatorio policial desde la soledad de su celda. Ese interrogatorio funciona como hilo narrativo y como punto de partida para un relato más amplio: el pueblo, su gente, el mar, una mujer, un amor, una traición y, finalmente, el crimen que une todas las partes.

En escena. Alejandro Schiappacasse es Julito. Foto cortesía:  Adriana Schottlender

La obra propone un recorrido fragmentado y cíclico, con una estructura cercana al policial, que va armando un rompecabezas no solo de hechos, sino también de la dimensión más íntima de su protagonista. A medida que avanza el relato, se profundizan sus recuerdos, sus creencias y sus contradicciones, hasta volver, hacia el final, al mismo hecho del inicio, esta vez con toda la información necesaria para develar el misterio.

Hay algo profundamente humano en ese gesto de volver. Julito no se presenta como héroe ni como víctima. Está perdido y lo acepta. La declaración se vuelve entonces un acto cargado de sentido: hablar para liberar lo que pesa, aun cuando la frase que guía su fe —la verdad te liberará— aparece atravesada por la duda.

En escena. Alejandro Schiappacasse es Julito. Foto cortesía:  Adriana Schottlender

La puesta se apoya en una escena austera, con diseño de luces de Lucas Orchessi y escenografía y vestuario de Paula Molina. Todo parece estar al servicio de la palabra y del cuerpo del actor, que sostiene en soledad una historia atravesada por el mar, el silencio y las tensiones de una comunidad pequeña.

Segunda Princesa fue presentada desde 2019 en Madrid, Barcelona y otras ciudades de España, bajo la dirección de Schiappacasse, y su recorrido da cuenta de una obra que dialoga con distintas geografías sin perder su raíz. Hay en este relato algo reconocible: las historias de aldea, los secretos compartidos, las lealtades y traiciones que se cocinan en voz baja.

Las miradas sobre el espectáculo coinciden en señalar la potencia del texto y la solidez de la interpretación, capaz de combinar sensibilidad, humor y patetismo sin caer en solemnidades. Un relato que, con pocos elementos, construye un universo propio y deja una marca persistente.


Hoy, Segunda Princesa tiene su última función en el Teatro Picadero. Una despedida que no clausura el recorrido de la obra, sino que vuelve visible algo que atraviesa todo el relato: la necesidad de contar para no quedar a solas con lo que pesa. En tiempos de ruido, hay historias que todavía eligen la palabra como refugio y como riesgo.

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