Camila Peralta es «Suavecita»: Dos años de un viaje alucinante entre lo marginal, lo místico y lo cotidiano.

En El Walkman celebramos cuando una obra nace en el under, crece con fuerza propia y se convierte en un fenómeno escénico. Suavecita es uno de esos casos. Estrenada en junio de 2023 en NÜN Teatro Bar, la obra escrita y dirigida por Martín Bontempo y protagonizada por Camila Peralta no solo agotó funciones desde su debut: también despegó hacia festivales, cárceles, foros internacionales, y ahora –a dos años de su primera función– pisa fuerte en la cartelera porteña con temporada en el Teatro Metropolitan y una gira internacional que incluye Madrid, Barcelona, Montevideo y Portugal.

Suavecita funda un mito: una mujer que trabaja en un hospital del conurbano es elegida para participar en una terapia experimental con pacientes terminales. Lo que empieza como una excusa médica deriva en una experiencia cercana a lo sagrado, donde el erotismo, la ciencia ficción y la marginalidad se entrelazan en una historia hipnótica, incómoda y profundamente conmovedora.

Estuvimos en una de las funciones, y lo que se vive ahí es intransferible. El público –rendido, cómplice, a veces descolocado, siempre atrapado– sigue con asombro cada mutación de Camila Peralta, que despliega un unipersonal de una intensidad descomunal. No es casual que haya ganado premios ACE, Trinidad Guevara, María Guerrero, y que sume nominaciones a los Martín Fierro de Teatro 2025. La obra juega al borde: bordea lo grotesco, se ríe de lo solemne, y sin embargo emociona. Atraviesa.

Para hablar de estos dos años, del proceso creativo y de lo que significa habitar esta obra noche tras noche, charlamos con Camila Peralta, su talentosa protagonista, en una entrevista tan cálida como reveladora.


Camila Peralta es «Suavecita». PH @irishsuarez. Cortesía Varas Otero

—El proyecto nace del gran director y dramaturgo que es Martín Bontempo. Somos amigos hace bastante tiempo y ya habíamos hecho una obra juntos, también escrita por él. Después de un par de años sin trabajar en conjunto, me dijo: “Che, escribí una obra que me gusta mucho y me gustaría que la actúes vos. Es un unipersonal”.

Yo siempre tenía ganas de volver a trabajar con él. La primera vez que lo hicimos fue muy importante y me marcó mucho en mi carrera. Fue una obra que le fue muy bien, y donde entendí una manera distinta de hacer teatro. Incluso encontré, por primera vez, el sentido del humor en escena: fue desde ese lugar que empecé a hacer comedia.

Así que la propuesta fue un placer. Me lo propuso, la leí… aunque en realidad ya quería formar parte del proyecto antes de leerla. Y cuando la leí, fue aún mejor: me pareció hermosa, muy particular, muy especial.

También me dio un poco de miedo por el tema, por lo que Suavecita hace en sí. Martín es un poco más “jugado” que yo, por decirlo de alguna manera. Se anima a decir cosas sin filtro, sin preocuparse si alguien puede no estar de acuerdo con lo que plantea la obra o si le molesta el tema. Y bueno, eso me generaba cierto temor, pero le dije: “Hagámoslo. Metámosle con todo”.

Los dos somos bastante obsesivos con el trabajo, así que empezamos a juntarnos. Al principio hicimos algo de mesa, pero muy poco, solo para intercambiar ideas, y después ya le pusimos el cuerpo. Fueron bastantes ensayos hasta encontrar lo que hoy es Suavecita.

Fue un proceso muy lindo. Todo fluía. Como cuando las cosas se organizan solas y todo encaja. Justo se dio que yo no tenía tanto trabajo en otras cosas. A veces, cuando uno hace teatro independiente —porque Suavecita empezó así— tenés que agarrar otros laburos para sostenerte. Pero en ese momento no tenía tantos compromisos y pude dedicarle mucho tiempo. Martín también. Así que ahí nos metimos de lleno.


Lo que más me convocó fue esta idea de que una misma actriz pudiera hacer tantos papeles dentro de una misma obra. Poder meterme en todos esos universos en los que entra Suavecita, en esas fantasías, me parecía lo más divertido.

No es algo que pase seguido. En general, te llaman para interpretar un solo personaje, con sus diferentes capas y matices, pero sigue siendo una sola cosa. A mí siempre me sedujo la idea de hacer muchos personajes. Pero no me lo imaginaba dentro de una misma obra, sino en proyectos distintos: en uno haría tal voz, tal cuerpo, tal personaje… en otro, algo completamente diferente. Siempre pensé en ir mutando de obra en obra. Pero que todo eso esté contenido dentro de una sola pieza, y que además esa pieza tenga una historia fuerte, interesante, que no sea solo una muestra de destreza actoral… me pareció muy potente.

Eso fue, sobre todo, lo primero que me atrapó. Y también me gustó mucho la forma en que estaba escrita. La poesía que tenía el texto me conmovió. Es cierto que algo de eso se fue perdiendo en los ensayos, porque a veces, en busca de que el personaje sea más querible o le llegue mejor al público, fuimos dejando de lado algunas partes más poéticas. Pero en la primera lectura, esa poesía estaba, y era hermosa.



—Creo que el mayor desafío fue, justamente, bancarme estar sola en el escenario. Y para poder sostener eso, necesitaba encontrar todo el recorrido dramático del personaje y también las excusas de por qué estaba sola. Ese fue un trabajo que hicimos entre los dos. Al principio, la obra tenía un ritmo más “episódico”, donde quizás el personaje no arrastraba tanto las consecuencias de lo que le había pasado antes.

Yo necesitaba que hubiera algo que uniera todo, y a Martín le pareció bien, así que trabajamos en eso. Pero sí, el gran desafío era sostener una hora entera hablando, entrando y saliendo de distintos estados, y que todo tuviera sentido para mí. Que nada quedara forzado o fuera de lugar.

No quería que fuera una muestra de habilidades por sí misma, sino que todo estuviera contenido dentro del cuento que estábamos contando, que era lo más importante. Después viene todo lo demás, como la “decoración” que una le pone arriba. Eso, en realidad, es lo que menos me costaba.

A mí, si me decís “hacé un robot”, lo hago al toque, porque eso me divierte. Pero lo que queríamos, los dos, era que la obra realmente necesitara ese robot. Que no fuera simplemente: “bueno, hacé algo gracioso y ya está”, sino que tenga un motivo para estar ahí. Eso lo fuimos encontrando en los ensayos.

Buscamos que la obra tuviera un cierre, una coherencia interna. Que no se tratara solo de “mirá todo lo que puede hacer”, sino que cada elemento estuviera ahí por algo. También me ayudaron muchísimo las cosas que fuimos encontrando en lo técnico: la luz, el sonido… fueron muy importantes para poder cumplir con ese desafío de estar sola en escena. En algún punto, esos elementos se convirtieron en mis compañeros, y me apoyé mucho en ellos.


—Es mi amigo y lo amo, así que lo mejor es poder compartir tiempo con él. Es una persona muy graciosa, muy generosa, y me hace crecer como actriz. Con él encontré un montón de matices actorales que ni sabía que tenía, o que incluso me daban vergüenza. Ahora no soy tan tímida como lo era en su momento, pero toda la parte más de exposición, lo erótico, era algo que nunca había explorado. También era más chica, y esas zonas me daban un poco de miedo.

Poder atravesar eso fue muy importante para mí como actriz, porque ahora ya lo tengo incorporado como herramienta para otros proyectos. Así que es muy lindo crecer junto a un amigo en un proyecto, y que después haya pasado todo lo que pasó: que la obra la haya visto tanta gente, que ahora estemos en un teatro tan grande. Todo eso es un crecimiento hermoso para los dos.


Es muy hermoso, muy lindo. La verdad es que uno hace esto para que al público le guste, y eso termina pasando. Yo no me siento una actriz o una artista que lo es solo porque necesita expresarse. Para mí, el teatro es vínculo. Es conexión con el público, como pasa con muchas otras artes también. Entonces, recibir el “me gustó”, o más todavía, que a alguien le den ganas de hacer cosas después de ver la obra, es hermoso.

Que me digan que pasaron un buen momento, que dentro de toda la locura que estamos viviendo pudieron ir al teatro y, por una hora, estar en otra… todo eso para mí es muy importante. Es como estar cumpliendo un sueño. Yo hago esto para que a la gente le pase algo. Y que eso suceda, y encima me lo cuenten, me lo digan, me escriban por Instagram, es lo que me impulsa a seguir. A querer seguir haciendo la obra, seguir haciendo teatro, actuando, creando cosas que generen —aunque sea— algo parecido a esto.


—Hay varios. Uno que disfruto mucho es el de la Virgen. Me gusta porque es un momento en el que me relajo bastante, improviso, tiro cosas nuevas cada vez, y fue mutando muchísimo.

Quienes vieron las primeras funciones habrán visto algo completamente distinto a lo que es hoy, porque siempre le vamos encontrando cosas nuevas: chistes, pavadas… Es como un momento de descanso para mí dentro de la obra, y eso lo disfruto un montón.

Después hay otros momentos que me encantan, pero que me generan más tensión como actriz. Por ejemplo, la escena uno, cuando estoy por primera vez en el hospital con el paciente. Es casi el inicio de la obra y me encanta, pero al mismo tiempo es una escena con mucha carga, porque ahí tengo que lograr que el público entienda quién es este personaje, cómo se maneja, que lo quieran, que empiecen a conectar con ella. Ahí siento mucha responsabilidad. Cosa que con otros personajes, como la Virgen, no me pasa. Pero igual, esa escena también me encanta.

Son muchos momentos. Pero si tengo que elegir algunos, sí: la Virgen, la Vieja… esos me gustan bastante.


—Se van a encontrar con una obra diferente. Con la posibilidad de que la fantasía irrumpa en el mundo cotidiano, y con guiños a la ciencia ficción, que ya me parece una propuesta hermosa en sí misma. Y también, con una actriz que lo va a dejar todo en cada función.


Suavecita no es solo un unipersonal descomunal: es una experiencia teatral que se mete en el cuerpo, en la risa y en la emoción. Una obra que incomoda y abraza a la vez, que te hace reír y te deja pensando. Camila Peralta construye un personaje inolvidable que transita la marginalidad, el deseo y la maternidad con una entrega brutal. Lo hace sin artificios, solo con su cuerpo, su voz y una potencia actoral que no da respiro.

Si todavía no la viste, esta es tu oportunidad de sumarte a la marea suave y salvaje que viene arrasando escenarios. Y si ya la viste… sabés que Suavecita siempre guarda un milagro nuevo bajo la manga.


🎭 Suavecita
📍 Teatro Metropolitan – Av. Corrientes 1343 (CABA)
🗓 Temporada vigente – Funciones viernes a las 20:30 h
🎟 Entradas por Plateanet y en la boletería del teatro

Escrita y Dirigida: Martín Bontempo
🎼 Música: Germán Severina
🎨 Dirección de Arte: Uriel Cistaro
💡 Diseño de Luces: Fernando Chacoma
🔊 Diseño de Sonido: (dato no especificado)
🎭 Actúa: Camila Peralta
Supervisión de Texto: Ignacio Bartolone

🎙 Asistente de Dirección: Camila Miranda
🎙 Asistente: Lola López Menalled
👔 Producción General: NÜNproduce
📋 Producción: Alejandra Menalled
🎨 Diseño Gráfico: Karina Hernández
💄 Diseño de Maquillaje: Adam Efron
📸 Fotografía: Facundo Irish Suarez
🎥 Contenidos Digitales: Boria Audiovisuales


Si te apasiona descubrir historias que laten con fuerza propia, personajes que se quedan en la piel y obras que desafían lo esperado, no podés perderte nada de lo que pasa en el mundo del teatro y la música con El Walkman. Suscribite para recibir todas nuestras notas, entrevistas y recomendaciones exclusivas, y acompañános en este viaje por las escenas que importan y las voces que transforman.

Deja un comentario

Sitio web creado por WordPress.com.

Subir ↑