Son los años ´80 , es de noche, hay tormenta eléctrica y en el barrio de La Boca, Francisco- Juan Tupac Soler – pasa a máquina su nuevo texto mientras la radio transmite el debate sobre la Ley de Divorcio. En la cocina Renata – Ana Celentano – su vecina termina de preparar la cena mientras esperan que María – Julia Di Ciocco – su mujer regrese con el queso rayado infaltable para las pastas. Hasta acá nada fuera de lo común, pero lo que María y Renata ignoran es que hay otro invitado a la cena: Antonio – Raúl Antonio Fernández – el ex de María, un exitoso escritor que acaba de publicar su nuevo best seller. Secretos, medias verdades, celos, fantasía y realidad que se dan cita una noche donde el desencanto está servido y pueden ustedes sentarse a la mesa.
Para conocer más acerca de esta historia que sube a escena los sábados a las 20 :30 en El Método Kairós – El Salvador 4530 – desde El Walkman charlamos con Juan Tupac Soler uno de los protagonistas de «La teoría del desencanto»
Cuando le pregunté a Juan sobre su primer encuentro con el texto él me contó una historia: » Mirá todos nosotros, Ana Celentano, Julia Di Ciocco, Beto Fernández, que somos el elenco y Julieta Otero que es la directora somos compañeros de dramaturgia, hicimos juntos la Diplomatura en Dramaturgia en el Centro Cultural Paco Urondo, que que depende de la UBA. Ese texto empezó a aparecer, en el último taller de la diplomatura que lo da Javier Daulte. Entonces mi primer acercamiento es antes de ser convocado como actor, nosotros como grupo de amigos, ya conocíamos el material que Juli estaba, estaba escribiendo – me contó.

-Hablando de tu personaje, yo siento que tiene muchísimos matices. Es el que de alguna manera va marcando la tensión dramática durante toda la obra. ¿Cómo fue el proceso de construcción de Francisco?
– Más que ponerme a componerlo lo que hice fue prestarle mi cuerpo y mi voz al personaje de Francisco que ya estaba escrito en el guion. El personaje ya estaba en el texto. Había direcciones muy claras de parte de Julieta de lo que quería para él. En términos dramatúrgicos el personaje tiene una curva y una transición que seguir. Para mí sería poco inteligente ponerme a inventar cosas para hacer en lugar de decir lo que está escrito. Más allá de que hubo mucho ensayo y muchas cosas que surgieron de la prueba y error en el ensayo, tanto de lo que me devolvían mis compañeros en escena, y tanto como de ciertas cosas que Juli como directora quería terminar de ajustar o que yo iba para un lado y Juli me decía «sí, está bueno, pero también no te olvides tal cosa», y me parece que esa suma de cosas hace que aparezca este muchacho tan tan particular.
«A mí me cuesta mucho la creación individual porque no es algo que me salga o con lo que comulgo, para mí la construcción es colectiva. Digo, si Francisco fuese creado con otro elenco quizás sería algo distinto, porque Julia (María), que hace de mi pareja, me devuelve una cosa; al igual que Beto quien también da ciertas cosas que hacen que la chispa se prenda, cosas que él hace actoralmente, los tonos de voces como también el vínculo que hace con el personaje de Ana Celentano (Renata). Hay un montón de cosas que que terminan de componer lo individual y lo colectivo. Entonces, hay algo de de esa construcción, de ese personaje que también es por los compañeros que tengo y por la mirada de Juli. Pero también insisto que hay una materia prima, que es el texto, que está servido en bandeja. Era claro, el mapa era muy claro. Había simplemente que respetar el mapa y bueno, si había algún bache, ver cómo se resolvía y seguirlo y eso me parece muy valioso».
Juan Tupac Soler
En las funciones de «La teoría del desencanto» el público ocupa un lugar privilegiado. Por la disposición de las butacas de la sala algunos de los presentes viven la obra desde el interior del living de la casa de Francisco y María. Sobre esta presencia del público y el desafío actoral que representa mirar sin ver, Soler explica que en primer lugar hay mucho trabajo de ensayo y que la obra se trabajó así desde el día uno:
«Julieta Otero, la directora y dramaturga de la obra, nos dijo «esto va a ser así». Entonces desde el primer día de ensayo sabíamos que había que registrar al público como si fuera una actuación de 360 grados, eso por un lado. Después, también, pasó que a medida que empezamos a llegar a la última instancia del proceso empezamos a invitar personas para que vengan a ver los ensayos porque era necesario ver qué pasaba con esa gente que nos está rodeando y que está muy cerca y aunque no es un teatro participativo uno es consciente de que los espectadores están ahí. Entonces, me parece que hubo algo muy inteligente al traer amigos para que observen los ensayos, para ir familiarizándonos con esa cercanía de las personas que iban a estar mirando la obra. A mí como actor en lo individual me divierte un montón» contó el interpreté y resaltó la importancia del trabajo de ensayos : «Eso nos dio mucha seguridad a nosotros como actores. Entonces, de a poco la cosa se hace amable y no es algo de tortura ni para nosotros ni para el público. Es más bien, convivir ahí un ratito todos juntos«.

Como se sabe, el teatro es arte en movimiento, algo que sucede delante de los espectadores y siempre conserva esa magia de lo inesperado. La sensación de que todo puede suceder. Esto, aunque parezca un cliché, sucedió el sábado pasado cuando en un momento de la función la luz de la sala se cortó y el público confirmó en vivo la veracidad de ese mandamiento teatral que dice que en el escenario hay que resolver. Sobre esta particular situación Soler contó: «Fue tremendo. Obviamente nos agarró muy desprevenidos. Ninguno se esperaba que pase eso, pero me parece que hay algo del trabajo, del código de formación de cada uno de nosotros, que hace que ante todo sigamos.
«En un momento pensé: ¿Cuánto más vamos a seguir así? mientras seguíamos metidos en los personajes iluminados por algunos celulares que venían del público. Después vi que las chicas de técnica empezaron a entrar, salir y a resolver y así en un momento empezó a sonar música y pensé «bueno, si suena la música es porque en cualquier momento llega la luz». Me parece que hay algo de mucho entrenamiento nuestro como actores y actrices, de sostener el trabajo hasta que alguien te grite corte. Entonces hasta que la directora no diga «no, vamos hasta acá porque esto ya es un delirio» uno sigue y por suerte los cuatro tenemos este código como para ante cualquier accidente poder resolver. La verdad que fue muy estresante, pero también fue muy placentero descubrir que de los cuatro que estamos en escena ninguno se desesperó, seguimos sosteniendo la situación que tranquilamente dentro de la ficción podría suceder».
– Y si te pones como espectador, ¿hay algún momento que vos disfrutes más de la obra?
– Es difícil elegir sin spoilear porque si digo los momentos que me gustan es como contar todo. Pero voy a decir que me gustan mucho esos momentos que no podemos spoilear. Hay un momento en la obra en el que estalla todo literal y metafóricamente, lo disfruto mucho. Me parece que es ahí, en eso que no podemos spoilear, donde hay algo que empieza a descarrilar. Ahí aparece la singularidad de la obra.
El final de la obra también lo disfruto un montón y la verdad para mí, como espectador, hay algo que las obras extremadamente realistas me cuestan un poco. Sin embargo, en esta obra no concebimos otra manera de hacerla. Incluso me parece que la obra lo necesitaba. Igual tiene sus límites y sus corrimientos. Pero, en sí, la obra es un noventa porciento realismo puro.
Y la verdad es que entre otras cosas si me preguntás ¿Qué me gusta de la obra? Me encanta comer y tomar en escena por más que no tomamos alcohol de verdad; el estar en esa situación me parece muy divertido. Como actor me parece muy divertido también.

– Si me tuvieras que decir qué es lo mejor del trabajo con tus compañeras y tu compañero en escena, ¿qué me dirías?
-Un poco lo que sucedió en la función del corte de luz, de tener cierta libertad y resolución ante los accidentes y los logros también. Porque a veces hay muchas cosas de la puesta de la obra que se lograron por la libertad que tenemos nosotros como actores de probar y jugar, de proponer y de escucharnos mientras estamos actuando. La verdad es que si tengo que rescatar algo es el nivel de propuesta hacia el material que le dimos todos desde el primer día. Llevamos y probamos cosas para que la cosa suceda, eso a Juli le servía un montón porque era un era un ida y vuelta. Es una libertad y un juego. Sé que hagamos lo que hagamos nadie va a salir lastimado y eso es clave. Hay mucho código. Por lo cual tengo que rescatar algo. Ese código que tenemos sin haber trabajado los cuatro antes. Eso me parece muy valioso y, para mí, también habla de la formación que tenemos los cuatro como actores y actrices.
– ¿Qué lugar ocupa el teatro en tu vida?
– En mi vida es un poco todo. Ya estoy en una instancia de la vida en que no lo puedo dejar. Lo primero es eso. Ya llegué a un nivel en el que actúo, me llaman para filmar cosas, doy clases, escribo guiones, obras. Hace poco empecé a dirigir. Yo leo una novela y si me gusta pienso cómo adaptarla teatro . Para mí el teatro es mi lugar de pertenencia, en donde me siento cómodo. Por suerte es un lugar que encontré a muy temprana edad. Había ciertos lugares donde yo no me sentía parte y apareció de golpe un día un taller de teatro en la escuela y ahí me sentí parte de algo.
Me parece que es clave tener un lugar de pertenencia. Si no, no puede sobrevivir en este mundo. Y como dice un profe que tuve, que quiero mucho, un lugar donde volver. Creo que son dos dos puntos claves para la psiquis sana de una persona un lugar al que pertenecer y un lugar donde volver. Para mí el teatro y el arte en mi vida son eso.
Y también saliendo un poco de lo individual, me parece que el teatro tiene una fuerza colectiva que el ser humano la necesita. Todas las resoluciones individualistas que hoy en día están muy en auge eh tienen fecha de vencimiento. La fuerza colectiva que tienen que el arte y el teatro son necesarias para la para la sociedad.


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