A los treinta y pico se abrió una pregunta que nunca había estado ahí. No es un deseo claro ni una decisión tomada: es apenas un “¿y si?”. Un movimiento interno que desarma certezas y obliga a traducir lo que antes era un no rotundo.
A los treinta y pico se abrió una pregunta que nunca había estado ahí. No es un deseo claro ni una decisión tomada: es apenas un “¿y si?”. Un movimiento interno que desarma certezas y obliga a traducir lo que antes era un no rotundo.