El espectáculo protagonizado por Mariú Fernández regresa en versión 2026 con una puesta renovada, una Big Band en vivo y una mirada más profunda sobre el universo de Amy Winehouse. No es un tributo ni una imitación: es una experiencia teatral y musical que vuelve transformada.
En el conocimiento popular, veinte años no son nada. Pero, de alguna forma, diez años no pasan así nomás. Cuando un espectáculo cumple una década, algo pide ser revisitado. No para imitar a pie juntillas cada palabra, cada movimiento o cada compás del estreno original, sino para ver qué nuevas preguntas despierta la obra. Porque, a veces, volver también es una forma de encontrar otras respuestas.
Desde ese lugar Yo no soy Amy volverá al escenario los martes 17 y 24 de febrero a las 20 hs en Bebop Club – Uriarte 1658, Palermo -. La obra protagonizada por Mariú Fernández regresa en una versión 2026 que no se apoya en la nostalgia del 2016 sino que se planta en el presente y se anima a decir algo nuevo.
Un homenaje sin copia
Desde su origen, el espectáculo dejó en claro su búsqueda: no reproducir a Amy Winehouse, sino dialogar con su sensibilidad, su fragilidad y su potencia artística. En esta nueva versión, En esta nueva etapa, Mariú vuelve a habitar ese universo desde otro lugar. Con la experiencia a flor de piel y una voz que se anima a cambiar. Porque cuando una obra crece junto a quien la interpreta, también aprende a decir distinto.
Teatro, concierto y algo más
La puesta cuenta con dirección general y coreografías de Juan José Marco, quien resignifica el material original y amplía su densidad escénica. En escena con Alejo Caride y Adrián Scaramella, sumando capas dramáticas y corales que expanden el relato y lo vuelven más colectivo.
El trabajo actoral de Mariú está siendo acompañado por su coach, Dennis Smith, quien actualmente se encuentra en Madrid. En estos días previos al estreno del 17 de febrero, ella ensaya las escenas con él desde Argentina, preparando cada gesto y cada respiración para que, cuando llegue el momento de la función, Juan José Marco pueda tomar la dirección general con todo listo.
La música en vivo empuja la escena y le da cuerpo a la experiencia. La Big Band dirigida por Nicolás Radicchi – con él mismo en bajo – se completa con Matías Antonuchi en trompeta, Joaquín Bonazzola en batería, Francisco Megna en guitarra, Adrián Pérez Dorna en saxo y Matías Dabanch en teclado. Juntos construyen una sonoridad potente y envolvente, de esas que hacen que cada función se sienta distinta y quede resonando un poco más.
El libro de Osvaldo Bazán, basado en una idea original de Mariú Fernández, fue completamente renovado e incorpora una canción inédita compuesta especialmente para esta versión 2026, sumando una dimensión aún más personal al homenaje.
“Hace 10 años hicimos Yo no soy Amy: un concierto performático, una obra, un show, una experiencia. Fue un equipo soñado. Es un equipo soñado: artistas, colegas y amigos que amo y admiro. Todo se funde acá. Después de 10 años, volvemos para celebrar a la única: Amy Winehouse, de una manera muy especial. Estoy muy feliz”.
Mariú Fernández antes del reestreno de «Yo no soy Amy» en Bebop Club
No hay nostalgia en este regreso. Hay cuerpo, hay presente y hay una obra que decidió volver para decir algo distinto. Yo no soy Amy no busca parecerse a nadie: propone una experiencia que se escucha, se mira y, cuando termina, se queda un rato más resonando.

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